Hay un gesto muy común cuando sales a pasear, aflojar la correa “solo un momento” para que el perro corra, huela y se canse. En muchos barrios se ha convertido casi en rutina, aunque el entorno cambie cada minuto. Sin embargo, desde la entrada en vigor de la Ley 7/2023, el 29 de septiembre de 2023, ese gesto ha adquirido más implicaciones. La norma prohíbe “dejar animales sueltos o en condiciones de causar daños” en lugares públicos o de acceso público, especialmente en espacios naturales protegidos y zonas con ganado, con sanciones que comienzan en 500 euros para las infracciones leves.
Qué prohíbe la ley
La Ley 7/2023 establece un marco regulatorio básico para animales de compañía y animales silvestres en cautividad. Es importante destacar que quedan excluidos de esta norma los perros de caza, que están regulados por otras normativas. Uno de los puntos cruciales de la ley es que prohíbe “dejar animales sueltos o en condiciones de causar daños” en espacios públicos, mencionando de manera específica parques nacionales, cañadas con rebaños y otros hábitats naturales protegidos.
Además, el texto pone énfasis en la prevención, instando a adoptar medidas para evitar molestias, peligros o daños a personas, otros animales o cosas; algo que en la práctica requiere una mayor atención y menos confianza ciega en el comportamiento de las mascotas.
Control efectivo
¿Significa esto que nunca puedes soltar al perro? No exactamente, pero sí establece una clara distinción entre “ir suelto” y “estar bajo control”, aunque a veces estas condiciones sean confundidas. La ley prohíbe que un animal de compañía esté “deambulando por espacios públicos” sin supervisión directa. En otras palabras, no se permite que el perro explore solo mientras tú te quedas atrás.
Un aspecto crucial de esta normativa es que la persona responsable del animal es responsable de los daños, perjuicios o molestias que pueda causar a otras personas, animales o al medio ambiente.
Zonas donde sí
Los ayuntamientos juegan un papel importante en la regulación. La ley indica que los municipios deben “determinar en todo caso lugares específicamente habilitados para el esparcimiento” de animales de compañía, especialmente perros. Esto se traduce en áreas como parques caninos vallados, zonas acotadas o tramos habilitados con horarios específicos para el esparcimiento.
Si un lugar está señalizado como zona de esparcimiento, es el espacio ideal para soltar la correa, siempre bajo supervisión y con un perro que responda a la llamada. En contraste, en espacios protegidos o con normativa particular, las sanciones pueden ser más severas, por lo que es aconsejable leer los avisos y no asumir que “aquí siempre se ha podido” soltar a los perros.
Un problema ambiental
El impacto de los perros sueltos no se limita a la convivencia social; también afecta al medio ambiente. Un perro puede perseguir fauna o alterar el hábitat de las aves en época de cría. A veces, una simple carrera puede ser suficiente para estresar a una especie sensible. Por esta razón, la ley vincula la suelta de perros con posibles daños al ganado y al medio natural.
Desde una perspectiva cotidiana, la norma también obliga a mantener la higiene en espacios públicos, prohibiendo los excrementos y orines en lugares de paso habitual. Se exige su rápida limpieza con productos biodegradables, contribuyendo así a reducir problemas de higiene y contaminación en el entorno urbano.
Multas y sanciones
La pregunta que surge a menudo es: ¿cuánto me pueden multar? La Ley 7/2023 establece tres categorías de multas: de 500 a 10.000 euros para infracciones leves, de 10.001 a 50.000 euros para infracciones graves y de 50.001 a 200.000 euros para infracciones muy graves.
La normativa distingue entre infracciones leves y graves. En términos generales, una infracción leve es aquella que incumple prohibiciones u obligaciones sin provocar daños físicos ni alteraciones en el comportamiento del animal. Por el contrario, una infracción grave implica daño o sufrimiento, aunque no llegue a provocar la muerte o secuelas graves.
¿Dónde encaja entonces el perro suelto? Dependerá de los eventos y de cómo la administración lo valore, lo que puede hacer la diferencia entre una sanción leve y una grave. Una salida controlada en una zona habilitada no es lo mismo que una situación descontrolada en un espacio protegido.
Ordenanzas municipales
La Ley 7/2023 también justifica las diferencias entre ciudades. La potestad sancionadora recae en las comunidades autónomas y en los órganos municipales competentes. Por tanto, los ayuntamientos tienen la capacidad de sancionar si la infracción se comete en espacios públicos municipales.
Además, la ley permite que las ordenanzas municipales introduzcan especificaciones o graduaciones en el régimen de infracciones y sanciones. Por esta razón, conviene revisar la señalización, consultar la web del ayuntamiento o informarse sobre la ordenanza antes de asumir que “siempre ha sido así” en un área determinada.
Consejos para pasear
Para reducir riesgos, una correa larga o una línea de rastreo suele ser la opción más práctica, ya que permiten al perro explorar y, al mismo tiempo, facilita su control en caso de que aparezca una bicicleta o un niño corriendo.
En áreas urbanas, es recomendable buscar zonas caninas habilitadas y no confiar únicamente en que el parque esté vacío. La llegada de otro perro o una persona temerosa puede alterar rápidamente una situación tranquila.
En el campo, es prudente reducir la velocidad en zonas con ganado, sendas estrechas o barrancos. Si ves carteles de restricción, es importante tomarlos en serio, ya que suelen advertir de la presencia de fauna sensible o de riesgos que no son evidentes de inmediato.
La Ley 7/2023, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, se publicó en el BOE, marcando un cambio significativo en la regulación de la convivencia entre animales y su entorno.
