El documento presentado destaca que esos pueblos indígenas en aislamiento son un «extraordinario ejemplo de resiliencia y resistencia para la humanidad» y considera que, cuando se respetan sus derechos y se protegen sus territorios, «no solo sobreviven, sino que prosperan» también. Estos indígenas, que viven en bosques, tienen constancia de la existencia de otras comunidades ajenas a ellos, pero eligen rechazar el contacto con otros.
El informe constata, entre otros datos, que un 95 % de estos grupos y personas en aislamiento vive en el Amazonas, sobre todo en Brasil, hogar de 124 de esos grupos; así como en Perú, Colombia, Bolivia, Venezuela y Ecuador. Otros se encuentran en bosques secos del Chaco paraguayo y boliviano, en Indonesia, en Papúa Occidental y en las islas de Andamán y Nicobar, en la India.
Cada vez más amenazados
La investigación señala que más del 96 % de los grupos en aislamiento se enfrenta a amenazas de industrias extractivas, como la tala, la minería y la perforación de petróleo y gas. En el caso de la tala, se observa que esta amenaza a cerca del 65 % de esos grupos y es el peligro más común, abriendo paso a otras formas de explotación.
También considera que la minería pone en riesgo la existencia de más del 40 % de los grupos en aislamiento. Casi un tercio de los pueblos en aislamiento están amenazados por bandas criminales, como narcotraficantes, agrega el informe.
Además, la agroindustria amenaza la existencia de más del 20 % de los grupos en aislamiento, incluida la ganadería, que está destruyendo la Amazonía, y 38 grupos se enfrentan a la aniquilación por proyectos respaldados por el Gobierno, como carreteras, ferrocarriles y puertos, según el documento. Asimismo, pone de relieve que uno de cada seis pueblos no contactados está en riesgo por «misioneros que buscan convertirlos».
La investigación de Survival International denuncia también que la minería de níquel para baterías de vehículos eléctricos amenaza a un pueblo en aislamiento en Indonesia y resalta que el colapso climático y de biodiversidad pone en peligro a quienes dependen de selvas saludables.
Entre las “amenazas crecientes”, el informe identifica a los llamados ‘influencers’, quienes «buscan un primer contacto para monetizar contenido»; a los misioneros, que utilizan tecnologías para rastrear a pueblos indígenas en aislamiento para convertirlos al cristianismo, y a bandas criminales violentas.
¿Qué se puede hacer?
El informe sostiene que estos pueblos son autosuficientes y prosperan sin contacto si su territorio está protegido y obtienen todo lo que necesitan de su entorno. Insta a los gobiernos a aplicar y hacer cumplir las leyes que protegen a estos pueblos y sus territorios, y considera que quienes las infrinjan deberán ser llevados ante la justicia.
Además, considera que las empresas deben reconocer los derechos y los territorios de los pueblos en aislamiento, garantizar que sus cadenas de suministro estén libres de materiales procedentes de sus tierras y que los misioneros no deben intentar ningún contacto.
Los pueblos indígenas aislados o no contactados se encuentran al borde de la desaparición, simplemente porque el resto no los respeta. No solo están amenazados porque sus tierras se contaminen, sean deforestadas o se les arrebate, sino también por quienes vienen a por la foto, el contacto indeseado y hasta la conversión religiosa.
Es necesario que estos pueblos sean respetados, que se les deje vivir en paz y aislamiento, que es lo único que piden. Su derecho a vivir lejos de la ‘civilización’ debería ser respetado por todos: empresas, influencers, religiosos, etc., y los gobiernos tienen que garantizar que nadie intente contactar con ellos y que se acaben las amenazas que penden sobre su supervivencia.
