A pesar de la prohibición del comercio internacional de marfil de 1989, dictada por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), se estima que los cazadores matan alrededor de 20.000 elefantes al año para extraer sus colmillos, según datos de World Animal Protection.
El experto Suárez ha indicado que la demanda de este producto como símbolo de lujo en países del sudeste asiático ha provocado una nueva oleada de caza ilegal desde 2008.
Agustín López Goya, director de Biología del Zoo Aquarium de Madrid, ha comentado que este nivel de caza está generando un efecto incluso a nivel genético, pues se cazaban los ejemplares con los colmillos más grandes, y esta es la razón por la que estudios indican que el tamaño actual de los colmillos cada vez ha sido inferior.
Asimismo, Suárez ha manifestado que, aunque algunos países apliquen bien las normativas del tráfico internacional y de control en aduanas, siempre hay rutas abiertas como en Mozambique o Uganda. Por ello, se necesita imponer sanciones más severas.
“No puede ser que en algunos países comerciar con especies salvajes salga prácticamente gratis o merezca la pena el riesgo, frente a otros comercios como puede ser el de drogas y el de armas. Hay que seguir trabajando en sensibilización”, ha reclamado Suárez.
Los elefantes cuidan la salud del ecosistema
De acuerdo con los expertos, los elefantes son importantes para la salud de los ecosistemas, pues son conocidos por ser “podadores naturales en los bosques” y “dispersores de semillas”. “Los llamamos los grandes jardineros por esa capacidad que tienen, a veces de destruir, pero también de volver a plantar y de renovar los ecosistemas”, dice Suárez.
López Goya coincide en su importancia ecológica y alerta sobre el caso del elefante de Sumatra, una subespecie asiática que conservan en el zoológico madrileño, de la que quedan entre 2.400 y 2.800 ejemplares. “Estas son cifras muy alarmantes porque es aproximadamente un 50 % menos del número que había en el año 1985. Es una disminución bastante drástica, sobre todo debido a la pérdida de hábitat”, detalla.
Los seis ejemplares que se encuentran en el Zoo Aquarium de Madrid forman parte del Programa Europeo de Especies en Peligro (EEP), una estrategia para mantener una población genéticamente viable a medio largo plazo.
Ambos expertos remarcan la importancia de conservar esta especie emblemática: “Si no somos capaces ni siquiera de proteger a estos grandes colosos, ¿cómo vamos a ser capaces de proteger a otras especies que pasan más desapercibidas?”, concluye Suárez.
La pérdida de hábitat y su fragmentación, los cambios en el uso del suelo, como la deforestación o el sobrepastoreo, el furtivismo de marfil y los conflictos con las comunidades locales, son algunas de las principales amenazas. Dado que todas son de origen antropogénico, nos corresponde a nosotros tomar las medidas necesarias para salvarlos. / ECOticias.com
