La biotecnología avanza con fuerza en el campo de la medicina veterinaria, donde estudios recientes proponen tratamientos innovadores no solo para mejorar la salud de los perros, sino también para ofrecer claves sobre el envejecimiento humano. Uno de los estudios, denominado Stay, es desarrollado por la empresa Loyal y se encuentra actualmente en fase de ensayo clínico doble ciego con placebo en 70 clínicas veterinarias de Estados Unidos. Este estudio está siendo probado en más de 1.300 canes, todos ellos con al menos 10 años de edad y un peso superior a seis kilos. Los propietarios de estos perros se han comprometido a participar en el ensayo durante los cuatro años de duración estimados para completar la investigación.
Medicamentos que saben a carne e ingredientes secretos
Según explican los investigadores de Loyal, esta es la última fase para lograr, en principio en 2026, la aprobación del Servicio de Medicina Veterinaria de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) y para poder comercializar la pastilla LOY-002. Los componentes concretos de esta pastilla aún se mantienen en secreto. Se trata de un fármaco que, con sabor a carne, busca modificar el metabolismo de los perros mayores y mejorar su dieta sin alterar su apetito. La finalidad es ralentizar el desgaste celular y, con ello, propiciar una mejor salud que podría alargar sus años de vida.
Efectos en los perros como ejemplo para el estudio del envejecimiento humano
Por otro lado, un segundo estudio llamado Triad es desarrollado por el consorcio académico ‘Dog Aging Project’, con sede en la Universidad de Washington. Este estudio utiliza el fármaco rapamicina, un inmunosupresor empleado para prevenir el rechazo de trasplantes de órganos en humanos. A diferencia de Stay, el ensayo clínico de Triad tiene una duración de tres años y se enfoca en perros más jóvenes, en torno a los siete años de edad, y de razas grandes o gigantes, con un peso igual o superior a 20 kilos.
Este estudio, según el investigador Fatjó, posee «dos atractivos muy importantes: el primero es el beneficio directo para los perros y, el segundo, que puede usarse como ejemplo para estudios similares pero enfocados en humanos», especialmente en investigaciones sobre la demencia, dado que tiene «muchos puntos en común» con el síndrome de disfunción cognitiva.
De esta manera, el animal se convierte en un modelo de estudio útil para comprender el proceso de envejecimiento humano y evaluar los efectos de un medicamento específico en un plazo de tiempo «mucho más corto que si se aplicara a personas», enfatiza Fatjó.
Aun en el caso de que ambos estudios, Stay y Triad, tengan éxito, hay aspectos éticos que deben ser considerados. Uno de ellos se refiere al precio de los fármacos, que una vez aprobados podría ser elevado, limitando así su acceso a los consumidores con menos recursos económicos.
Los perros comparten con los humanos el mismo entorno, hábitos de alimentación similares y, en muchos casos, cuidados médicos avanzados. Por ello, se consideran un puente ideal entre los experimentos en laboratorio y las aplicaciones clínicas. Los investigadores analizan cómo influyen la genética, la dieta, la actividad física y ciertos fármacos en la longevidad canina y, por ende, en la humana.
