Viena, 1 de enero (EFE).- Tras décadas de casi inalterada tradición, el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena inauguró este jueves 2026 con un programa más inclusivo dirigido por el canadiense Yannick Nézet-Séguin, quien modernizó el recital incorporando dos obras compuestas por mujeres. A sus 50 años, Nézet-Séguin ha demostrado que es posible añadir diversidad y modernidad al encorsetado estilo de los filarmónicos vieneses sin perder la esencia del concierto de música clásica más famoso del mundo.
El repertorio, sin abandonar el protagonismo de la dinastía Strauss con sus tradicionales valses, polcas y marchas, incorporó cinco obras inéditas, entre ellas dos de compositoras: la afroamericana Florence Price (1887–1953) y Josephine Weinlich (1848–1887).
Lenta ruptura del monopolio de compositoras
No fue hasta el año pasado, tras 85 ediciones y más de mil piezas interpretadas, que el Concierto de Año Nuevo incluyó por primera vez una obra compuesta por una mujer: el ‘Ferdinandus-Walzer’ de la austriaca Constanze Geiger (1835-1890). Este año, la lenta ruptura de ese monopolio masculino continuó con las composiciones de Price y Weinlich.
Según Nézet-Séguin, Florence Price fue una compositora injustamente relegada, y, en sus propias palabras, esto se debió a su género y a su raza. De este modo, el ‘Vals del arcoíris’ de Price, que se inspira en la música afroamericana y popular, resonó con fuerza en la Sala Dorada de la Musikverein, ofreciendo al público una perspectiva hacia una música clásica “más abierta”, tal como describió el director canadiense.
La otra protagonista del recital fue Josephine Weinlich, una compositora y directora pionera que fundó en 1875 la primera orquesta de mujeres de Europa. Su obra ‘Canciones de sirenas’, que transmite un mensaje de empoderamiento y solidaridad, encajó perfectamente con la intención de Nézet-Séguin de actualizar el repertorio del concierto.
El Concierto de Año Nuevo de Viena, cuyos orígenes se remontan a 1939 bajo el nazismo, es considerado hace décadas el concierto de música clásica más popular del mundo, seguido por cientos de millones de personas a través de radio y televisión. Notablemente, nunca una mujer había dirigido este recital, en una orquesta en la que el 83 % de sus 145 integrantes son hombres, y que no admitió a su primera mujer entre sus filas hasta 1997.
El nuevo estilo Nézet-Séguin
Yannick Nézet-Séguin impregnó el Concierto de Año Nuevo de una energía marcada por la “alegría” y una “esperanza compartida” a través de la música. Este espíritu de renovación se reflejó también en su imagen: vistió un traje a medida de Louis Vuitton diseñado por su marido, el violinista Pierre Tourville, combinando líneas clásicas con un aire contemporáneo y rematado con un broche brillante en el cuello, junto a sus características uñas pintadas.
En un breve discurso antes del tradicional brindis por el Año Nuevo, el director deseó paz “en los corazones y, sobre todo, paz entre todas las naciones del mundo”. Añadió que “la música puede unirnos a todos porque vivimos en el mismo planeta”. Nézet-Séguin se ha mostrado muy activo en defensa de los derechos LGBTQ+ y ha expresado su solidaridad con Ucrania, así como su apoyo a la candidata demócrata Kamala Harris en la campaña electoral que perdió el año pasado ante el republicano Donald Trump.
Clásicos con aire renovado en el Concierto de Año Nuevo
El concierto de este año tuvo momentos de humor, como cuando algunos filarmónicos usaron gorras de ferroviarios durante la interpretación del ‘Galope de København Jernbane-Damp’, compuesto por Hans Christian Lumbye para celebrar la conexión de trenes entre Copenhague y Roskilde. Durante la pausa entre las dos partes del recital se proyectó una película recordando el 250 aniversario del Museo Albertina, una de las principales pinacotecas de Austria, que llevó a los espectadores a recorrer sus galerías mientras algunos de sus dibujos más célebres cobraban vida al ritmo de la música.
Como es habitual, la versión televisada del concierto incluyó representaciones de danza del Ballet Estatal de Viena con dos piezas musicales seleccionadas: ‘Rosas del Sur’ y ‘Polka Diplomática’, ambas de Johann Strauss hijo, con coreografía de John Neumeier.
Tras el clásico bis de ‘El Danubio azul’, Nézet-Séguin bajó del podio para dirigir la tradicional ‘Marcha Radetzky’ entre el público, al ritmo de las palmas de los asistentes. Con esta 86 edición del Concierto, se cerró la celebración del bicentenario del nacimiento de Johann Strauss hijo, figura central de la música vienesa, a quien Austria ha dedicado numerosos eventos a lo largo del año.
