Con la muerte de Antonio Tejero desaparece el principal protagonista de la intentona golpista del 23 de febrero de 1981, un oscuro episodio de la Transición revivido en los últimos días por la decisión del Gobierno de desclasificar los documentos secretos sobre la asonada, que han permitido conocer un poco mejor su papel aquel día. La transcripción de la conversación telefónica que mantuvo con el civil Juan García Carrés y con su esposa desde dentro del Congreso, a través de una línea intervenida, ha sido uno de los episodios más comentados a raíz de la desclasificación, debido al lenguaje malsonante empleado en unos tensos momentos que acabarían pasando a la historia.
En estos papeles no hay fotos salvo las de algunos recortes de prensa, pero en la memoria colectiva quedará fijada para siempre la imagen en blanco y negro del teniente coronel de la Guardia Civil, pistola en mano, tricornio a la cabeza, en la tribuna del Congreso.
«¡Se sienten, coño!»
La fotografía, cuyo negativo fue extraído clandestinamente del hemiciclo por dos reporteros de la Agencia EFE, dio la vuelta al mundo, y sus «¡todo el mundo al suelo!» y «¡se sienten, coño!», mientras los guardias civiles que le acompañaban en el asalto al Congreso disparaban al techo, ilustró una convulsa etapa de la consolidación democrática. Tejero fue condenado por rebelión militar, expulsado de la Guardia Civil y encarcelado hasta que obtuvo el tercer grado y luego la libertad condicional, que le permitió disfrutar de una vida tranquila y familiar, alejada de cámaras y protagonismos, salvo alguna contada excepción, entre Madrid y su Málaga natal, en la Costa del Sol.
El último de los condenados por el 23F en lograr la libertad pasaba largas temporadas en un apartamento de Torre del Mar, en el municipio malagueño de Vélez-Málaga, desde cuyo balcón podía ver el Mediterráneo. Sus paseos en verano por la playa o el paseo marítimo, ya con pelo y bigote encanecidos, no eran extraños para los veraneantes de la zona, que le veían acudir a misa los domingos a una pequeña capilla de un barrio de pescadores dedicada a la Virgen del Carmen, cercana a su casa. Aunque nunca quiso hacer declaraciones, en alguna ocasión aislada volvió a ser noticia, como cuando pidió un referéndum nacional sobre el Estatuto de Cataluña en una carta pública, o cuando en 2014 supuestamente celebró el 33 aniversario del golpe con una paella, en un cuartel, junto a su hijo guardia civil, también llamado Antonio, y otros implicados en la asonada.
Ideología ultraderechista
Casado con Carmen Díez Pereira, ambos tuvieron seis hijos: tres mujeres y tres hombres, uno de los cuales es sacerdote en Málaga. Nacido en Málaga el 30 de abril de 1932, ingresó en la Guardia Civil en 1951, y fue jefe de la comandancia del cuerpo en Guipúzcoa, desde donde tuvo que pedir el traslado forzoso por unas declaraciones públicas en contra de la legalización en la ikurriña.
Su ideología ultraderechista le ocasionó problemas en el cuerpo, y en 1978 fue expedientado por firmar una carta abierta al rey Juan Carlos en la que mostró su disconformidad con la Constitución. Poco después, fue arrestado de nuevo al aparecer su nombre vinculado a la Operación Galaxia, una primera intentona golpista abortada a tiempo, y por la cual fue condenado en julio de 1980 a siete meses y un día de prisión.
Los fotógrafos de la Agencia EFE
Manuel Hernández de León, uno de los dos fotógrafos de EFE que captaron al teniente coronel, pistola en mano, cuando irrumpió en la votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, recordaba que en cuanto le vio a través del objetivo de la cámara le identificó y supo que aquello era un golpe de Estado. Le conocía de la Operación Galaxia.
Durante el secuestro del Gobierno y los 350 diputados, Tejero, al mando de los guardias civiles armados que entraron por la fuerza en el Congreso, resistió a todos los intentos de las autoridades militares para que depusiera su actitud, desde el general Aramburu Topete hasta el general Sabino Fernández Campo, secretario general de la Casa del Rey. Solo firmó su rendición al día siguiente, una vez que el teniente coronel Fuentes Gómez de Salazar le comunicó que la acción golpista había sido abortada en el exterior; a mediodía salió del Palacio de las Cortes tras despedirse de sus correligionarios.

En junio de 1982, el Consejo Supremo de Justicia Militar le condenó a 30 años de reclusión, junto a otros jefes y oficiales que participaron en el golpe. La sentencia no disipó un sinfín de especulaciones, teorías, informaciones y todo tipo de rumores sobre la participación de otras personas en la trama, apuntando incluso al mismo rey, pese a que su mensaje en televisión fue decisivo para acabar con el golpe.
«Elefante blanco»
Entre las muchas sombras está la identidad del famoso «elefante blanco» o «autoridad militar, por supuesto», cuyas órdenes aguardaban los golpistas cuando el Congreso estaba secuestrado, y sin que se haya llegado a confirmar que era el general Alfonso Armada, también condenado por los hechos y ya fallecido. Tampoco lo han hecho los papeles desclasificados este mismo miércoles.
Tejero cumplió la primera parte de su condena en la prisión militar Alcalá de Henares (Madrid), y también pasó por Ferrol (A Coruña) y Figueres (Girona), donde era el único recluso; volvió a Alcalá en junio de 1991 y en noviembre de 1993 logró el tercer grado penitenciario. Su falta de arrepentimiento impidió que prosperara una petición de indulto tramitada ante el Gobierno en esa época.
Su total excarcelación no llegó hasta tres años después, en diciembre de 1996, cuando abandonó la cárcel militar de Alcalá de Henares en libertad condicional, tras el reconocimiento del cumplimiento de tres cuartas partes de su condena, gracias a una redención de pena por trabajo. Durante su etapa en prisión se dedicó a cultivar un huerto y a pintar, afición que continuó tras su puesta en libertad, y se cuenta que también escribió sus memorias, unos recuerdos que nunca vieron la luz y que hasta ahora han seguido ocultos, en las sombras de la historia.
