Granada, 18 de marzo. (de la enviada especial de María Gámez) – El escritor Lorenzo Silva ha presentado este miércoles 18 de marzo en Granada ‘Con nadie’ (Destino), su nueva novela sobre el general Miguel Campins, fusilado en Sevilla durante el verano de 1936. Durante la presentación, ha respaldado al rey Felipe VI en sus declaraciones sobre la Conquista de América: «No faltó a la verdad en nada», afirmó el autor en una entrevista.
Silva destacó que el monarca «se quedó en los hechos» durante su intervención. «Es un hecho histórico incontrovertible que la corona española aprobó leyes protectoras de los indios desde el principio, y es otro hecho igualmente incontrovertible que esas leyes se cumplieron muchas veces mal y que los conquistadores españoles cometieron muchos abusos contra los indígenas», señaló el escritor.
A su juicio, cuando el debate histórico abandona los hechos y entra en las interpretaciones es cuando la gente se «lía». En este sentido, defendió que «cuando uno se queda en los hechos hay poco que objetar», subrayando la importancia de distinguir entre hechos documentados y las interpretaciones en torno a un episodio histórico.
Continuando su argumento, Silva reflexionó sobre la postura del rey de España en relación a pedir perdón a figuras contemporáneas: «Sobre si ahora el rey de España se tiene que poner de rodillas con los brazos en cruz delante de Claudia Sheinbaum a pedirle perdón… Bueno, ningún conquistador español ha abusado de Claudia Sheinbaum y seguramente tampoco de ningún ascendiente suyo. Eso tiene que ver más bien con la agenda política de Claudia Sheinbaum», afirmó, refiriéndose a la presidenta mexicana.
Un personaje «incómodo» en ambos bandos
La novela de Silva sigue la historia del general Campins, quien fue comandante militar de Granada durante apenas tres días, del 18 al 20 de julio de 1936. Campins acuarteló sus tropas, impidió el reparto de armas a las milicias y evitó que se repitiera en Granada lo que ya ocurría en otras ciudades españolas, aunque finalmente acabó declarando el estado de guerra. Un mes después fue fusilado en Sevilla por orden del general Queipo de Llano, a quien había desobedecido al negarse a secundar el levantamiento. «Todas las personas que no murieron en esos días en Granada se lo deben en el fondo a que Campins tomó decisiones que le acabaron costando la vida», afirmó Silva.
El escritor aseguró que Campins es un personaje «incómodo» para la memoria de ambos bandos. Según Silva, ni los partidarios de la República lo considerarán un defensor incondicional, pues al final acabó declarando el estado de guerra en Granada, ni los «herederos del franquismo» lo verán como un héroe ya que desobedeció la sublevación. «No es un hombre que represente la memoria de ninguna de las dos Españas», apuntó Silva.
«Hay un diario que llevaba cuando murió donde habla del momento de la guerra y que hay militares que son de derechas conspirando para sublevarse y otros militares muy de izquierdas conspirando para la revolución, y él en ese momento escribe que no está ni con unos ni con otros, que no está comprometido con nada ni con nadie», explicó el autor, añadiendo que esas declaraciones le dieron «el título de la novela».
La obra también recoge la relación entre Campins y Franco, quienes se encontraron repetidamente a lo largo de las décadas, desde las primeras campañas en África hasta el fusilamiento de Campins en Sevilla. «Parece como que se van acompañando todo el rato», reflexionó Silva. La novela plantea una pregunta importante: ¿por qué Franco, que no intercedió ni por su propio primo cuando fue fusilado, sí intentó salvar la vida de Campins sin éxito?
«Es un personaje que lleva una vida paralela a Franco, pero que es muy distinto de él. En muchos aspectos es incluso antitético. ¿Por qué Franco, que no pedía clemencia para nadie, pidió clemencia para este hombre?», insistió el autor.
Silva añadió que «la guerra civil es el episodio más oscuro» de España, pero que Campins «servía como una linterna para ir iluminando esa oscuridad, para ir sabiendo un poco quién es quién, porque se va encontrando prácticamente con todos los personajes relevantes de la época».
Se aleja del estereotipo
Silva explicó que el personaje llegó a él de manera inesperada a la salida de la presentación de un libro anterior, cuando un nieto de Campins se acercó a él y le ofreció documentación familiar. «Empecé a ahondar y encontré un personaje que me interesaba no por lo general, sino por lo particular», señaló.
El escritor destacó que Campins representa un modelo de militar alejado del estereotipo de la época. Participó en todas las campañas de la guerra de África entre 1911 y 1927, mandó tropas de la Legión y de los Regulares, y al mismo tiempo fue oficial de Estado Mayor, habló idiomas, leyó con avidez y redactó 300 páginas sobre pedagogía militar cuando organizó la Academia General de Zaragoza. «El tipo se gastaba el dinero en leer», afirmó el escritor, recordando el inventario de la última mudanza del general, donde figuraba una enciclopedia completa de varios tomos.
En este sentido, Silva resaltó que en una de las frases que Campins dejó escritas y que ha incorporado en ‘Con nadie’, el general se definía como «avaro en extremo de la sangre» de sus soldados, un rasgo que distingue a Campins de otros mandos de su época.
«Se reivindica menos a un héroe que salva vidas», criticó el autor, quien aseguró que no pretende que «se admire» al personaje, pero sí que el lector «vea que haya algo que tiene valor. Que mantenerse fiel a los principios, a las convicciones, al deber y a la palabra cuando tanta gente en esos días está faltando a sus principios, a su deber y a su palabra tiene valor», reflexionó.
Silva concluyó describiendo el momento del fusilamiento de Campins. Al ser notificado de la sentencia de muerte, el general firmó el papel con una «firma perfecta». «Fue ejecutado de pie, mirando al frente a un pelotón de hombres a los que él mismo había mandado en batalla. Es una forma de ver la vida que en este tiempo nos cuesta entender», indicó el escritor, quien añadió que, más allá de los errores que Campins pudiera haber cometido, «alguien que obra por convicción, por principios y por altruismo, se lo juega todo y lo pierde todo, pues por lo menos alguna memoria merece».
