El Museo del Prado alberga una impresionante colección de obras en las que niños y niñas se destacan como protagonistas o acompañantes de figuras históricas y nobles. La conservadora del siglo XIX, Carlos G. Navarro, guía a EFE en un recorrido por los retratos de estos jóvenes que jugaron papeles cruciales en la historia.
Las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, hijas de Felipe II, son ejemplos emblemáticos de cómo las niñas eran retratadas para enfatizar su «casabilidad» en las cortes europeas. Entre los seis y siete años, fueron inmortalizadas en un famoso cuadro de Alonso Sánchez Coello, en el que aparecen con poses regias y vestidos que cumplían con la estricta etiqueta real de la época de los Austria.
Interés por mostrar la buena salud y «casabilidad» de las niñas
La razón detrás de tan reiterados retratos no se basaba en el amor paternal, sino en el deseo de demostrar la buena salud y la «casabilidad» de las infantes. Así, Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela contribuyeron a la estrategia matrimonial del rey, ayudando a consolidar su poder en territorios críticos como el norte de Italia y los Países Bajos.
Otra figura notable es la infanta Margarita de Austria, hija de Felipe IV y Mariana de Austria. Con solo cinco años, aparece como protagonista central en ‘Las Meninas’ de Velázquez, una obra que buscaba ser enviada a las cortes europeas para facilitar su matrimonio.
Desde muy pequeña, Margarita fue prometida a su tío, el emperador Leopoldo I de Austria. Sin embargo, el matrimonio se postergó debido a la inestabilidad de salud de su hermano, Carlos II el Hechizado. Finalmente, se casó con Leopoldo, uniendo las dos ramas de la dinastía Habsburgo y convirtiéndose en emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico hasta su prematuro fallecimiento a los 21 años por complicaciones durante el parto de su cuarto hijo.
Goya
El pintor Francisco de Goya también incluyó a numerosos niños en sus obras. Uno de los más destacados es ‘Los Duques de Osuna y sus hijos’, donde retrató a la familia del IX duque de Osuna, Pedro de Alcántara Téllez-Girón, quien además fue amigo y mecenas del pintor. Esta obra, que se conserva en el Museo del Prado, muestra a los duques rodeados de sus cuatro hijos, en una composición relajada y familiar, destacando la inocencia infantil.
Entre ellos se encuentra Pedro de Alcántara, quien, con solo un año, juega con una calesa de juguete. Este niño, que más tarde se convertiría en capitán general en Cuba y director de la Real Academia de San Fernando, fue nombrado director del Museo del Prado en 1820 tras la revolución constitucionalista.
Fortuny
Finalmente, Carlos G. Navarro destaca la obra ‘Los hijos del pintor en el salón japonés’ de Mariano Fortuny, donde se retratan a María Luisa y Mariano, los hijos del pintor. En esta obra, los pequeños aparecen relajados en su hogar de Portici, Italia, mostrando una versión íntima y familiar de la infancia.
Mariano, quien fracasó inicialmente en su carrera como pintor, lograría más tarde el éxito en el diseño de textiles y moda en Estados Unidos, destacándose por su icónico traje Delphos, un vestido plisado que se convirtió en un símbolo de la vanguardia de principios del siglo XX. Esta trayectoria revela cómo la influencia del arte y la cultura ha perdurado en las generaciones posteriores, destacando la conexión entre el pasado y la evolución artística contemporánea.
