China es el país mayoritario de procedencia de los envíos de bajo valor, concentrando el 91 % de este tipo de envíos. El arancel se aplicará por tipo de producto, aunque estén dentro de un mismo envío.
La ONG Greenpeace acoge favorablemente los impuestos sobre estos envíos, señalando que sustentan el modelo de negocio de la moda ultrarrápida. Estos impuestos permiten que las plataformas vendan ropa barata directamente a los consumidores, un sistema que se basa en producciones contaminantes y en mano de obra explotadora, que a menudo involucra a mujeres y niños, además del uso de productos químicos peligrosos que violan la normativa europea REACH.
Greenpeace valora positivamente la inclusión de gravámenes sobre los envíos, ya que son la base del modelo de negocio de la moda ultrarrápida (ultra fast fashion). A través de plataformas como Shein y Temu, se ofrece moda a precios muy bajos, vendida directamente a los particulares, mediante agresivas campañas de marketing y productos a menudo no regulados.
El coste del arancel recaerá en consumidores particulares
Greenpeace critica que esta medida repercuta únicamente en los particulares, ya que son quienes compran en pequeñas cantidades. Por lo tanto, una vez más, el peso del arancel se carga en la persona consumidora y no en las empresas que generan el impacto ambiental y social negativo a lo largo de todo el ciclo de vida de sus productos.
Se espera que esta medida actúe como disuasoria para frenar el auge desenfrenado de la compra de moda rápida a través del comercio electrónico. Sin embargo, la organización ecologista lamenta que solo se aplique a envíos fuera de la UE y no limite también dentro de la UE a las marcas que producen moda rápida, que igualmente contaminan el planeta.
A pesar de que se establece una barrera, esto no frena la entrada de prendas con sustancias químicas peligrosas, como evidenció Greenpeace con el reciente análisis de prendas fabricadas por Shein enviadas a España.
“Las medidas que pueden acabar con prácticas como los famosos hauls de prendas y las compras compulsivas suponen una barrera al consumismo y a la moda rápida, y son bienvenidas. Aunque el peso de las medidas debe recaer principalmente sobre las empresas que fabrican.”
Se debe transformar el modelo de negocio, además de poner aranceles
Las administraciones deben continuar demandando a la industria de la moda rápida que transforme su modelo de negocio mediante medidas que fomenten una reducción de la producción de hasta el 50 %, una mejora en la calidad de sus productos y una producción más cercana y localizada.
A su vez, es necesario implementar más normativas para que el sector textil se oriente hacia una verdadera economía circular, promoviendo la slow fashion, la reparabilidad y el comercio de segunda mano. Esto lo ha declarado Celia Ojeda Martínez, responsable de la campaña de consumo.
Greenpeace también advierte que el impuesto afecta principalmente a los compradores individuales, no a las empresas responsables del daño ambiental y social. Esta situación limita la eficacia del gravamen en la lucha contra el impacto global de la moda rápida.
El grupo insta a las autoridades a impulsar que la producción de la ropa se haga bajo condiciones diferentes: con equidad, economía circular y basándose en los principios de la moda sostenible.
