MADRID, 6 Abr. (EUROPA PRESS) – La cineasta Júlia de Paz dirige ‘La buena hija’, una película que aborda la violencia vicaria y machista, la cual se estrenará el próximo 10 de abril. La directora ha subrayado la «falta de escucha y falta de espacio para estos niños y niñas» cuyas madres son víctimas de violencia machista.
De Paz ha explicado que el impulso para realizar esta película surgió de la desconocida realidad de los menores en contextos de violencia machista. A través de una amiga que trabajaba en puntos de encuentro familiar, comenzó a investigar y a entrevistar a mujeres supervivientes de violencia de género.
“La mayoría de ellas compartían un miedo enorme por sus hijos e hijas, que, al no sufrir violencia física ni sexual explícita, judicialmente no eran considerados víctimas”, ha declarado la directora en una entrevista. De Paz considera que “los datos reafirman el hecho de que el conflicto está súper presente y hay urgencia de abordar la problemática y ver que estamos dando pasos hacia adelante, pero falta muchísimo más trabajo aún”. Además, ha alertado que las cifras de víctimas “podrían ser aún mayores si se amplía el concepto de violencia machista”.
El reparto, encabezado por Kiara Arancibia, que interpreta a Carmela, hija de una víctima de violencia de género; Julián Villagrán, que encarna al padre de Carmela; Janet Novás, la madre; y Petra Martínez, la madre de Marta y abuela de Carmela, ha señalado que las cifras de mujeres asesinadas en lo que va de 2026—14 mujeres asesinadas y 3 menores—son «terribles» y «demoledoras». Han subrayado la necesidad de que la sociedad siga trabajando para erradicar la violencia machista.
Villagrán ha comentado: “La película genera preguntas, de ahí que sea un tono de violencia no tan obvio, soterrado, que incluso el espectador pueda casi empatizar con el personaje del maltratador, generando así la incomodidad o haciéndole reflexionar acerca de cómo podemos seguir poniendo el ojo y la atención en cambiar como sociedad y acabar con la violencia, aunque sea un poco una utopía”.
CINE PARA «INCITAR CAMBIOS»
Sobre la representación de la violencia de género en el cine español, De Paz ha señalado que, aunque existen películas que abordan la violencia machista, la mayoría la representan desde un enfoque más explícito y físico. “De violencia más psicológica o más difícil de detectar quizás no había tantas”, ha apuntado.
“Ojalá la película sirva, ojalá genere conversación, genere preguntas sobre qué está pasando con esto, qué lugar le estamos dando”, ha expresado, citando como referente la película ‘Sorda’, de Eva Libertad. La cineasta ha expresado su deseo de que el público salga de la sala “preguntándose qué pasa con estos niños y niñas”, indicando que eso ya la satisfaría, pues sería el inicio de una conversación.
Por su parte, Petra Martínez ha destacado: “Hace años ni se hablaba. Pasaba en una casa y te enterabas cuando ya venía alguien a contártelo. Por lo menos en este momento es un tema que está y del que se habla”, aunque reconoció que quizás esta cuestión “no está lo suficientemente planteada en el cine, ni en el teatro, ni en la televisión, pero está planteada”.
CONSTRUCCIÓN DE LOS PERSONAJES
Uno de los ejes del filme es la relación entre la protagonista, Carmela, y su madre, Marta, que se construyó a partir de las entrevistas con supervivientes y con menores que habían vivido situaciones similares, según la directora. “Nos hablaban mucho de cómo proyectan la culpa estos niños y niñas hacia las madres, pero justamente es porque son las personas de confianza que tienen y, por lo tanto, son los espacios donde pueden expresar estas emociones más incómodas”, ha indicado.
Arancibia ha explicado que abordó ese vínculo desde la rabia. “Carmela se permite ser así con su madre porque sabe que ella no la va a abandonar; con su madre ya lo tiene ganado. Pero con su padre, constantemente intenta que se quede con ella, que no la abandone”, ha señalado.
En esa misma línea, Novás ha compartido que el personaje de Marta le resultó “familiar” desde su propia experiencia como mujer: “Como mujeres nos toca enfrentarlos a esas violencias que nunca podemos decir porque son muy difíciles de nombrar, son muy líquidas, se disuelven mucho”. Además, añadió que el personaje de Marta “sabe que se merece algo mejor” y que su motor es salir de esa situación, “por su hija lo primero y por ella”.
La película también presenta a la abuela de Carmela y madre de Marta, un personaje “silencioso”, como lo ha descrito Petra Martínez, quien ha comentado que su personaje es “una mujer que no puede más con su cuerpo” pero que, sin embargo, “tiene que seguir” actuando como mediadora entre su hija y su nieta. “El de la abuela es un personaje que está bien siempre. Me gustaría que la abuela en los cines, en las películas, empezara a tener otro tipo de papel, no tan de espectadora”, ha afirmado la actriz.
Martínez ha destacado que uno de los rasgos más llamativos de la cinta es que el maltratador no aparece como un personaje oscuro, sino como alguien cercano. “No es un personaje tétrico, es un personaje divertido, gracioso, que se le ve casi como buena gente”, ha apuntado.
Villagrán ha explicado que afrontar su personaje no le resultó especialmente difícil, ya que le resulta “familiar” esa violencia. “Lo tengo bastante detectado”, ha asegurado, y añadió que el trabajo con la directora y la coguionista, Nuria Dunjó, fue “clave” para construir un personaje “narcisista y manipulador sin ser consciente, que exige aquello sobre lo que cree que tiene derecho, entre el colegueo y la violencia”.
La película también dedica espacio a mostrar a Carmela con sus amigas, en una trama que tanto la directora como la actriz protagonista consideran fundamental. Arancibia ha descrito esos momentos como “una liberación” para el personaje. “Vive entre dos mundos, el conflicto que tiene en casa y el que tiene fuera con sus amigas en el instituto. Es el único espacio donde se permite disfrutar y no estar todo el rato alerta”, ha explicado.
La cineasta ha enfatizado la importancia de “encontrar un equilibrio entre la oscuridad propia del conflicto y esos momentos de luz”, añadiendo que esa trama también sirve para reivindicar el derecho de los menores a vivir “el primer amor, las risas con las amigas y el experimentar” con normalidad.
