Las proyecciones sobre el esquí a causa del cambio climático no son alentadoras. Un estudio reciente estima que la industria podría enfrentar pérdidas de hasta 252 millones de dólares anuales debido a la disminución de visitantes y mayores costos de nieve artificial. Esto, sin contar los efectos negativos en hoteles, comercios y empleo local.
Para el año 2050, las temporadas de esquí podrían acortarse entre 14 y 33 días en un escenario de bajas emisiones, mientras que en un escenario de altas emisiones se prevé un recorte de entre 27 y 62 días, con pérdidas anuales escalando entre 657 millones y 1.350 millones de dólares. La altitud de las estaciones influye en sus operaciones; algunas, como las de las Rocosas o Sierra Nevada, podrían seguir funcionando, aunque de manera irregular, mientras que las estaciones en zonas más bajas del Medio Oeste y noreste se enfrentan a condiciones complicadas.
Uno de los autores del estudio, Daniel Scott, advierte que “el daño ya causado por el cambio climático antropogénico a la industria del esquí en Estados Unidos es evidente” y señala que, probablemente, ya hemos pasado la era de las temporadas más largas.
De pistas abandonadas a senderos de flujo
Cuando una estación de esquí cierra, su presencia sigue en el paisaje: quedan las pistas vacías, los edificios de servicio y a menudo un telesilla que ya no opera. Un ejemplo es Highlands Ski Area en Northfield, New Hampshire, que funcionó desde finales de los años sesenta hasta mediados de los noventa. Posteriormente, fue abandonada por años, con su telesilla parado y la base vandalizada.
A comienzos de los años 2000, un nuevo propietario compró la montaña con una visión distinta. En lugar de reabrirla como estación de esquí, se transformó en Highland Mountain Bike Park, un espacio dedicado casi exclusivamente a la bicicleta de montaña, accesible por el antiguo telesilla. Las pistas se convirtieron en descensos para bicicletas, y en 2007 el parque vendió aproximadamente 4.000 entradas diarias, alcanzando los 30.000 ciclistas por temporada en 2018, lo que demuestra cómo un área “perdida” puede renacer a través de un nuevo tipo de turismo.
Los llamados senderos de flujo son clave en estos nuevos desarrollos. Estos recorridos están diseñados para que las bicicletas encadenen curvas peraltadas, montículos suaves y saltos controlados, proporcionando una experiencia continua de movimiento. No se enfocan tanto en la línea recta y empinada típica del esquí clásico, sino que ofrecen una experiencia más lúdica que atrae a una variedad de usuarios, desde familias hasta especialistas en descenso.
Desde una perspectiva ambiental, reaprovechar una estación cerrada tiene numerosas ventajas. Se reutilizan infraestructuras ya construidas, como aparcamientos y alojamientos, en vez de abrir nuevas pistas en bosques vírgenes, lo que da una segunda vida a suelos ya alterados que, de otro modo, quedarían degradados. Además, este enfoque permite distribuir la afluencia de visitantes a lo largo del año, desplazando el uso principal hacia los meses sin nieve.
Oportunidad útil pero no sustituto de la acción climática
El auge de los bike parks en antiguas estaciones de esquí resalta la capacidad de adaptación de muchas comunidades de montaña. Permite mantener el empleo local y continuar vinculadas al turismo activo, aun cuando la nieve sea cada vez menos fiable. Para los visitantes, representa una oportunidad de disfrutar de la naturaleza de forma relativamente suave, sin necesidad de grandes infraestructuras nuevas.
No obstante, estos proyectos no solucionan el problema de fondo. Si las emisiones globales de gases de efecto invernadero continúan al ritmo actual, las proyecciones de temporadas acortadas y pérdidas económicas seguirán materializándose, afectando tanto a las montañas bajas como a muchas estaciones alpinas de renombre. Los autores del estudio insisten en que la duración futura de las temporadas depende, en gran medida, del cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París para reducir rápidamente las emisiones.
Lo que actualmente ocurre en tantas estaciones de Estados Unidos debe considerarse como una advertencia para los valles de los Alpes, los Pirineos o Sierra Nevada. Allí, donde el invierno se vuelve incierto, el negocio del esquí tambalea y las montañas deben imaginar otros usos. El estudio científico que cuantifica el acortamiento de las temporadas de esquí y sus impactos económicos ha sido publicado en la revista académica Current Issues in Tourism.
Foto: Adam Munich, Rock Solid Trail Contracting
