Reducir una factura de la luz de quinientos lei a cero puede sonar a eslogan, pero es lo que ha logrado una familia rumana gracias a placas solares y una batería doméstica. Su experiencia resume una tendencia clara: cada vez más hogares apuestan por el autoconsumo con almacenamiento para pagar menos, depender menos del gas y protegerse frente a futuras subidas de precio.
El protagonista de esta historia se llama Bogdan Vizonie. En su vivienda, instaló paneles fotovoltaicos y una batería, ambos de diez kilovatios de potencia, porque quería “ser prácticamente independiente energéticamente” y dejar atrás unas facturas que rondaban los quinientos lei al mes. Desde que es prosumidor, ha generado en solo dos días veintinueve kilovatios hora, ha cubierto su consumo y ha volcado el excedente a la red, logrando que su recibo se quedara en cero.
¿Qué ha cambiado exactamente para una familia corriente como la suya? La batería almacena la energía solar sobrante de las horas centrales del día y la libera por la noche, cuando las placas ya no producen. De este modo, la red eléctrica pasa a ser un apoyo para días nublados o picos de consumo, no la fuente principal.
Los datos demuestran que Bogdan no es una excepción. Según la autoridad reguladora ANRE, en Rumanía ya hay cerca de dosciento noventa mil personas y empresas que producen su propia electricidad con sistemas solares, con una potencia conjunta de unos 3,35 gigavatios. Con estas cifras, el país se ha colocado entre los mercados solares que más rápido crecen en Europa.
Las ayudas públicas también se han movido en esta dirección. El programa «Casa Verde Fotovoltaice» de 2024 obliga a que las instalaciones subvencionadas incluyan una batería de al menos cinco kilovatios hora. Junto con un nuevo programa específico de cuatrocientos millones de lei para la compra de baterías, se espera que decenas de miles de hogares refuercen su autoconsumo.
El instalador George Trușcă presenta números sobre el cambio. En una vivienda tipo, un sistema de ocho kilovatios puede cubrir alrededor del sesenta por ciento del consumo eléctrico y dejar la factura en unos doscientos lei. Si se añade una batería de diez kilovatios hora, la cobertura ronda el noventa por ciento y el recibo baja a unos cincuenta lei, con una inversión total cercana a los cuarenta mil lei para el conjunto de paneles más almacenamiento.
Para quienes viven en la Unión Europea y ven cómo su factura sube cada año, la experiencia rumana lanza un mensaje claro, aunque sin milagros. El autoconsumo solar con baterías no elimina del todo la dependencia de la red, pero sí puede reducir significativamente los costes, recortar emisiones de CO2 y ofrecer algo de tranquilidad. El reto es que las ayudas y la red acompañen este cambio para que más hogares puedan seguir el camino de Bogdan.
La información oficial sobre el programa «Casa Verde Fotovoltaice» y las ayudas para instalaciones solares con baterías está disponible en la web de AFM Casa Verde Fotovoltaice.
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