
MADRID, 2 Abr. (EUROPA PRESS) – El precio del petróleo Brent, de referencia en Europa, ha aumentado más de un 6,5% a las 10.00 horas, superando los 107 dólares tras la apertura de las Bolsas europeas. Este incremento se produce en un contexto influido por las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha afirmado que el país está «a punto» de lograr sus metas en Irán, ha anunciado nuevos ataques en las próximas semanas y ha augurado que el estrecho de Ormuz se abrirá «de forma natural» cuando «el conflicto haya terminado».
Por su parte, el barril de crudo West Texas Intermediate (WTI), de referencia en Estados Unidos, subía un 6%, alcanzando los 106,26 dólares por barril, su nivel más alto desde julio de 2022. En paralelo, el precio del gas en el mercado holandés TTF, de referencia en Europa, se disparaba más de un 3,5%, situándose en 49,2 euros por megavatio/hora.
Trump garantizó este miércoles que Washington está «a punto» de cumplir «todos» sus objetivos militares en Irán, mientras que avanzó una nueva oleada de «fuertes» ataques programados para las «próximas dos o tres semanas». «Gracias a los avances que hemos logrado, puedo afirmar esta noche que vamos camino de completar todos los objetivos militares de Estados Unidos en breve, muy breve», comunicó el mandatario en un discurso dirigido a la nación estadounidense, añadiendo que se golpearán «con todas» sus «fuerzas» a Teherán.
La alocución, que se extendió por alrededor de 19 minutos, fue la primera intervención directamente dirigida a la ciudadanía estadounidense desde el lanzamiento de la ofensiva el 28 de febrero, junto a Israel, contra Irán, en la que han perdido la vida relevantes figuras, incluyendo al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y otros altos cargos de seguridad y defensa.
Trump ha calificado de «amenaza intolerable» que un «régimen que ha asesinado recientemente a 45.000 de sus propios ciudadanos» tenga acceso a armas nucleares. Sin embargo, Teherán reporta una cifra de 3.117 fallecimientos durante las protestas, mientras que la organización Human Rights Activists News Agency (HRANA) eleva esta cifra a más de 7.000 muertos debido a la represión.
Conversaciones que «siguen en curso»
Durante su intervención, Trump precisó que lograr un «cambio de régimen» en Irán no es un «objetivo» de Estados Unidos, aunque también indicó que las conversaciones «siguen en curso» con una cúpula de poder en Teherán que considera «menos radical y mucho más razonable». No obstante, advirtió que si no se alcanza un acuerdo «en este tiempo», atacará «todas y cada una de sus infraestructuras eléctricas».
«No hemos atacado sus instalaciones petroleras, pese a que ese era el objetivo más fácil de todos, porque eso no les dejaría ni la más mínima posibilidad de sobrevivir o de reconstruirse», aseveró Trump, sugiriendo que podría hacerlo dado que Irán «no tiene equipo antiaéreo y su radar está 100% aniquilado».
En su comunicación, el presidente también mencionó una supuesta solicitud de alto el fuego por parte de las autoridades iraníes, afirmando que Washington «estudiará» la petición una vez se «abra el estrecho de Ormuz». Sin embargo, Teherán ha desmentido estas afirmaciones. Trump reiteró su creencia de que el estrecho se abrirá «de forma natural» una vez que termine el conflicto desatado en Oriente Próximo.
Convencido de que Irán «va a tener que vender petróleo porque es lo único que tiene para tratar de reconstruirse», Trump instó a los países que dependen del petróleo del estrecho a «cuidar» este paso estratégico y a «aprovecharlo». Se dirigió a ellos para sugerir que compren petróleo a Estados Unidos, resaltando que el país es «el primer productor de petróleo y gas del planeta».
«Irán ha quedado prácticamente diezmado. Lo difícil ya está hecho. Así que debería ser fácil», concluyó Trump, pronosticando que, una vez cesen las hostilidades en la región, «los precios de la gasolina bajarán rápidamente» y los de las acciones «volverán a subir rápidamente».
El presidente estadounidense envió finalmente un mensaje de agradecimiento a los «aliados» de Estados Unidos en Oriente Próximo, específicamente a Israel, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Baréin, a quienes aseguró que «no permitiremos que sufran ningún daño ni que fracasen de ninguna manera».
