Las hermanas Silvia y María Amparo, junto a su equipo del bar Arosa, han decidido replantearse su negocio tras la tragedia que vivieron en la dana del 29 de octubre de 2024. El equipo del bar está compuesto exclusivamente por madres que han apostado por la conciliación familiar, abriendo el local de 8 a 14 horas, priorizando pasar más tiempo con sus hijos, aunque eso implique ganar menos dinero.
Decisión ante la adversidad
Silvia y María Amparo Martínez, quienes han dirigido el bar Arosa desde 2018, se enfrentaron a la devastación de su local, que había sido inaugurado solo cuatro meses antes de la inundación. La tragedia les hizo reflexionar sobre sus prioridades: “Nos conmocionó mucho el hecho de que esa tarde no nos pillara allí dentro, porque nuestros tres hijos pequeños, de mi hermana y míos, venían todas las tardes a merendar al bar”, relata Silvia. Para ella, fue «una señal de la vida: esta vez os he salvado, pero aprovechadla».
A pesar de la catástrofe, ambas estaban decididas a seguir adelante. “Siempre hemos luchado por seguir adelante, y no nos dimos por vencidas. Desde el minuto cero, la idea fue que estas persianas tenían que volver a levantarse. No nos iba a parar la dana”, expresa Silvia, reflejando la fuerza y determinación que las caracteriza.
Un ‘clic’ para el cambio
Mientras limpiaban el barro, las hermanas recibieron una “señal” cuando la hija de 4 años de Silvia le dijo que le gustaría que la llevara al parque. Los horarios de la hostelería, que a menudo resultan incompatibles con la vida familiar, les impedían estar presentes en momentos importantes. “Yo decidí ser mamá para estar presente”, defiende Silvia.
Conscientes de que sus hijos no estaban «disfrutando» de su compañía, decidieron implementar un horario que facilitara la conciliación del trabajo y la familia. Así, el bar, que cuenta con 80 metros cuadrados y está ubicado en la carretera de Picanya, reabrió el pasado 9 de mayo con un nuevo horario de lunes a viernes de 8 a 14 horas.
Valientes y trabajadoras
A pesar de no ganar lo mismo que antes, Silvia aclara: “No gano el mismo dinero que antes, pero me da para pagarle a mis trabajadoras y proveedores, y para cobrar un sueldo decente. Me compensa no ganar tanto y poder estar con mis dos hijas en casa”. Las trabajadoras – Sole, Patri y Tania – están contentas con la nueva dinámica, y los clientes les reconocen su valentía como empresarias.
Reducir el horario podría ser un riesgo, pero Silvia confía en su propuesta, que incluye almuerzos a precios accesibles, de 8 a 10 euros, que incluyen un bocadillo, un refresco, aceitunas y cacaos. Siempre están a tiempo de pivote en su modelo de negocio si es necesario.
Apoyo en tiempos difíciles
Para restaurar el negocio, han recibido apoyo de muchas fuentes: voluntarios, la ONG World Central Kitchen durante las obras, y una cafetería de San Sebastián, Ijentea Kafea, cuyos dueños donaron todo el contenido del local. Esta generosidad permitió llenar dos camiones de material, el cual terminó repartido entre otros bares de Paiporta.
Silvia subraya que es posible trabajar y conciliar, y espera que su historia inspire a otros. El bar Arosa lleva el nombre de una ría gallega que cautivó a sus padres en un viaje, simbolizando la fuerza de la comunidad y la resiliencia familiar.
