Antonio Pérez, encargado de la Antigua Pastelería del Pozo en Madrid, presenta una muestra de buñuelos de viento y huesos de santo. / Rodrigo Jiménez
Celia Arcos | Madrid. A pesar de su origen anglosajón, Halloween ya se ha asentado en España con su tradicional «truco o trato», que llena las tiendas de galletas, huesos de santo y gominolas, aumentando su demanda y representando hasta el 10 % de la facturación anual de algunas empresas de la industria del dulce.
Dulces decorados con ojos, bocas e incluso atuendos misteriosos invaden durante estas semanas los lineales de los supermercados y las pastelerías artesanas, que se tiñen del característico naranja y negro de Halloween para incentivar a los consumidores a celebrar esta festividad.
Buñuelos, los más demandados
La tradición española también tiene su espacio; en el caso de los artesanos, la Asociación de la Pastelería Artesana de la Comunidad de Madrid, Asempas, prevé la venta de 550.000 kilos de dulces típicos para esta fecha.
Los buñuelos de viento siguen siendo el postre más demandado, con una estimación de ventas que superará los 400.000 kilos. También destacan los huesos de santo, con alrededor de 88.000 kilos, y los empiñonados y almendrados, que alcanzan unos 11.000 kilos.

Además de los dulces tradicionales, los consumidores españoles están abiertos a nuevos productos procedentes de otros países. Un ejemplo de esto es la consolidación de nuevas propuestas pasteleras, como el pan muerto mexicano, consumido tradicionalmente el Día de Difuntos, como ha señalado Asempas.
Una de las campañas más relevantes del año
Para la industria del dulce, Halloween se ha convertido en una de las campañas más relevantes del año, impulsando «de manera muy significativa» la demanda de golosinas, caramelos y chocolates, tanto en el mercado nacional como en el exterior, explica el secretario general de Produlce, Rubén Moreno.
Esta festividad puede elevar hasta un 10 % la facturación anual de las empresas que lanzan una oferta específica para esta semana, convirtiéndose en un pilar importante del calendario comercial.

Además, el aumento de la demanda de productos en países que celebran esta festividad también se traduce en un incremento de las exportaciones españolas durante octubre, posicionando a España como «referente» internacional en calidad e innovación dentro del segmento de los dulces, según Moreno.
Sus productos tematizados son cada vez más reconocidos en los principales mercados europeos y en destinos clave como Estados Unidos (EE.UU.) y países asiáticos.
El interés de los ciudadanos por esta festividad ha llevado a que el calendario comercial se adelante cada año. Así, los consumidores comienzan a planificar antes sus compras, y los supermercados amplían tanto el tiempo de exposición como el espacio en los lineales.

«Ya desde finales de septiembre es habitual encontrar productos tematizados en los puntos de venta», señala Moreno, lo que contribuye a «dinamizar» las ventas en todos los canales.
No obstante, el secretario general de la Asociación Española de la Industria de Panadería, Bollería y Pastelería (Asemac), Jorge de Saja, advierte que, a pesar de esta tendencia, no se observa una desestacionalización como la que ocurre en las fiestas navideñas.
Aún así, en la última década, la producción de masas congeladas destinadas a bollería y pastelería ha crecido un 75 %, en parte gracias a la consolidación de la festividad de Todos los Santos y la irrupción de Halloween.
Sabores «de miedo»
La celebración de Halloween no se limita a los supermercados y pastelerías, sino que también inunda los bares, restaurantes y cafeterías de productos tematizados para esta fecha.
Es el caso de Rodilla, donde los consumidores podrán «saborear un chasquido de miedo», un «mini sándwich» dulce relleno de crema de queso y frambuesa, con cobertura de fondant y caramelo. Igualmente, la cadena Ribs ha anunciado que hasta el próximo 3 de noviembre, sus restaurantes acogerán a vampiros, según detalla un comunicado.
Todo ello refleja la capacidad de las empresas de alimentación y la hostelería para sumarse a las festividades que marcan el calendario del ocio de los ciudadanos, convirtiéndolo en una oportunidad de negocio que, en el caso de Halloween, se ha transformado en una fecha imprescindible para el sector.
