En la actualidad, el Estero de Urías recibe aguas negras de la ciudad y toneladas de basura que arrastran arroyos, canales y afluentes pluviales que cruzan la mancha urbana del destino turístico más importante de Sinaloa, conocido como “La Perla del Pacífico”.
Plantas, bolsas, sillones, carreolas, cubrebocas, esferas de navidad, refrigeradores y envases han invadido las entrañas de las 873 hectáreas de mangle rojo, negro y blanco que se extiende alrededor de esta laguna costera de aproximadamente 12.5 kilómetros de superficie.
Todas las formas posibles de contaminación pesan sobre este sistema estuarino que anualmente es visitado por unas 20.000 aves acuáticas de 73 especies diferentes, según los conteos realizados por Juanita Fonseca, especialista en aves playeras y colaboradora de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras. La riqueza biológica del lugar incluye peces, moluscos, cocodrilos, tortugas, iguanas, ranas y diversas especies de serpientes.
Muchas personas de Mazatlán no lo conocen al estero de Urías, lo ven como un lugar sucio, como un lugar de aguas residuales, lamenta Alexis Guadalupe Romero Osuna, docente del Centro de Estudios Tecnológicos del Mar 08 (CETMAR). Junto a sus estudiantes, ha examinado el estómago de peces y moluscos adquiridos en los embarcaderos cercanos para constatar la presencia de microplásticos en estos organismos.
Esas pequeñas partículas, resultado de la degradación de plásticos más grandes, también están presentes en los sedimentos del Estero de Urías. Así lo indica un estudio realizado en el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la Universidad Autónoma de México (UNAM), que detalla de forma cronológica cómo es que estos polímeros se han ido acumulando en el lecho durante los últimos 100 años, siendo el PET (tereftalato de polietileno) el más abundante hasta ahora.
La investigación revela que los niveles de microplásticos de este humedal costero se encuentran entre los más altos del mundo, junto a cuerpos de agua de Estados Unidos, China, Arabia Saudita, Corea del Sur, España, Turquía, Brasil y Uruguay.
Contaminación por microplásticos
En el agua, los plásticos encuentran diferentes destinos tras fraccionarse hasta en una milésima parte de un milímetro. Estos microplásticos se han encontrado en peces del Estero de Urías que suelen ser capturados por pescadores ribereños para el consumo humano. En 2021, por ejemplo, se reportó la presencia de partículas de plástico en los tractos digestivos de 552 especimenes de 13 especies diferentes.
La mayoría de los desechos plásticos consistían en hebras que medían menos de un milímetro, seguidos por fragmentos de entre dos y cuatro milímetros y unos pocos pedazos de plásticos de varios centímetros. El hallazgo se obtuvo a partir de un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad Autónoma de Sinaloa, la Facultad de Ciencias Químicas e Ingeniería de la Universidad Autónoma de Baja California y la UNAM.
En total, se recuperaron 1.384 partículas de desechos plásticos de los peces. La mitad de los restos (51.2%) corresponden a fibras de nailon, un compuesto sintético que se utiliza en la fabricación de textiles y piezas industriales. Estas fibras provienen comúnmente del lavado de ropa.
Cerca de una tercera parte (36.6%) de los microplásticos detectados en la boca, estómago e intestino de los peces de aleta son de polietileno, el cual se utiliza en la fabricación de bolsas y envases. Otra porción corresponde a polipropileno (7.3%) y poliacrílico (4.9%); el primero se usa en la fabricación de enseres domésticos y el segundo en la industria de la construcción.
En la fauna del humedal, su acumulación puede bloquear sistemas digestivos y reducir la capacidad reproductiva; también es probable que se trasladen contaminantes al ser humano a través de su consumo con consecuencias que aún son inciertas y están siendo investigadas.
El proyecto de rescate del estero que nunca se realizó
La posibilidad de que el estero finalmente fuera atendido surgió en agosto de 2011 con el anuncio del Saneamiento del sistema estuarino Urías, en Mazatlán, Sinaloa. Como indica el nombre, la promesa no consistía sólo en descontaminar el estero de Urías, sino todo el complejo lagunar, incluyendo los esteros La Sirena y el Infiernillo, entonces integrado por 18 kilómetros cuadrados que comunican con el océano Pacífico.
El proyecto emblemático lo integraban 110 acciones divididas en cinco retos: fortalecer la cultura ambiental basada en prácticas responsables; liberar al sistema estuarino de desechos sólidos; reducir la acumulación de residuos y sustancias peligrosas; descargar aguas residuales tratadas cumpliendo con la norma y recuperar la superficie del sistema estuarino. La inversión se estimaba en 300 millones de pesos, unos 16 millones de dólares actuales, con acciones graduales al 2030.
Sin embargo, el proyecto de rescate nunca se realizó. Este equipo periodístico envió 12 solicitudes de información a las autoridades involucradas de los tres niveles de Gobierno, para acceder a detalles del plan de seguimiento, resultados, minutas y evidencia fotográfica de sesiones de trabajo posteriores a su anuncio. Las respuestas fueron coincidentes: no existe esa información.
Hasta la publicación de este reportaje , solo el municipio de Mazatlán respondió que Conagua es quien dirigió el proyecto y es el encargado de operarlo. Como gobierno local, aseguraron que únicamente participaron del proceso de planeación, específicamente en el diagnóstico.
Las aguas residuales al estero
Este ecosistema ha sido utilizado históricamente como un receptor de los drenajes que se desbordan de alcantarillas y tuberías rotas en diversos puntos de la ciudad. Además, una cantidad no calculada de viviendas del ejido turístico de la Isla de la Piedra descarga sus aguas residuales a los manglares porque nunca han tenido el servicio de drenaje y alcantarillado. Todo se ha vertido siempre al estero o a la playa, admite Silvia Lizárraga Fuentes, habitante y presidenta de la asociación civil Colonias de la Isla en Acción.
En el mismo estero descargan cuatro de las cinco plantas de tratamiento de aguas residuales que dan servicio a la ciudad: Santa Fe, El Castillo, Urías I y Urías II. Esta última se construyó para sustituir a la planta de El Crestón, que operaba frente al mar, y que se desmanteló a partir de 2021 porque daba mal aspecto a los miles de visitantes que transitan el área y donde se proyecta construir una nueva terminal de cruceros.
Las estaciones depuradoras no logran eliminar por completo todos los contaminantes de las aguas residuales, asegura Ana Carolina Ruiz Fernández, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnologíade la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Unidad Mazatlán. Por esa razón, las descargas de aguas tratadas también aumentan la concentración de materia orgánica en la laguna costera, que a diferencia del mar, tiene menor recambio de agua y capacidad de depuración, precisa la experta en geoquímica y geocronología.
Las fibras sintéticas detectadas por la UNAM en los sedimentos y en los peces también llegan por esta vía. Se ha encontrado que las plantas de tratamiento traen mucho microplástico como residuo de las lavadoras. A
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