En un mundo donde el grifo no siempre es sinónimo de agua segura, cualquier tecnología que permita obtener agua cerca de donde se necesita llama la atención. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF estiman que 1 de cada 4 personas, unos 2,1 mil millones, todavía no tiene acceso a agua potable gestionada de forma segura.
Un equipo de SINTEF en Noruega ha desarrollado un nuevo material plástico inspirado en polímeros similares a los de los pañales. Su objetivo no es hacer magia, sino mejorar un punto débil muy real de los generadores de agua atmosférica: su elevado consumo energético en condiciones de baja humedad.
El problema de “sacar agua” cuando el aire está seco
Los generadores atmosféricos de agua ya existen y, en muchos casos, funcionan como deshumidificadores domésticos. En la práctica, enfrían el aire hasta que el vapor de agua se condensa y cae a un depósito, un proceso conocido como “enfriamiento y condensación”.
Sin embargo, el inconveniente surge en las situaciones más críticas. Según explica el investigador Roberto Mennitto, cuando la humedad relativa baja a niveles de alrededor del 50 %, el consumo energético se dispara y la tecnología se vuelve poco accesible para regiones áridas.
La “receta” del material que propone SINTEF
La nueva propuesta de SINTEF no se basa en refrigerar aire de forma continua, sino en usar un material capaz de atrapar la humedad como si tuviera pequeños “imanes” para las moléculas de agua. Este material consiste en un polímero con dos componentes principales: un elastómero blando (similar a la silicona o al caucho) y un polímero superabsorbente, parecido al de los pañales.
Esta mezcla importa porque permite recoger gran cantidad de agua sin que el material se descomponga fácilmente, algo que ha afectado a otros diseños en pruebas de producción. Para soluciones destinadas a emergencias o lugares remotos, la estabilidad es crucial.
Además, el equipo subraya que el material es flexible y puede fabricarse en diversas formas: laminado, recubrimiento o incluso piezas impresas en 3D. Mennitto también destaca que buscan mantener el costo bajo con materias primas asequibles y un proceso simplificado, sin el uso de disolventes caros o tóxicos, y que parte del material podría fabricarse a partir de biomasa.
Captar primero, liberar después
El proceso descrito por el equipo separa dos momentos que, en la práctica, suelen competir entre sí. Primero, el material absorbe la humedad del aire y se «carga» hasta alcanzar la saturación. Luego, en la fase de liberación, se aplica calor para que el agua salga del polímero y se recoja en un depósito. Mennitto compara este proceso con el efecto de un secador sobre el pelo mojado; el aire caliente ayuda a extraer el agua, que luego se condensa en el tanque.
Durante las pruebas, el equipo afirma que el material no mostró degradación tras 120 horas de funcionamiento constante, lo que es relevante ya que la durabilidad, y no solo la captación, suele marcar la diferencia entre una idea prometedora y un dispositivo que se puede utilizar sin un mantenimiento frecuente.
Para qué serviría en la práctica
Es importante poner en perspectiva estos sistemas. No sustituirán embalses, redes de tuberías o desaladoras, pero podrían ser útiles en situaciones donde estas infraestructuras son escasas o fallan, como en emergencias, defensa, primeros auxilios o edificios con suministro irregular.
El equipo proporciona un ejemplo que resuena: el costo del agua embotellada en zonas secas y despobladas, o en lugares donde el suministro se interrumpe. En ese contexto, un generador que pueda producir agua bajo diversas condiciones atmosféricas adquiere sentido, aunque no sea “barato” en términos absolutos.
Por otro lado, si estas máquinas se vuelven más eficientes en condiciones de aire seco, también podrían reducir el transporte de agua a zonas aisladas, que suele ser costoso y poco sostenible, lo que representa un valor añadido significativo.
Lo que aún falta antes de verlo en el mercado
El proyecto aún no está en fase de despliegue masivo. Desde SINTEF explican que la iniciativa comenzó como un proyecto de un año financiado internamente y ahora buscan financiación para construir un prototipo que permita optimizar y medir la capacidad en condiciones reales.
Además, están trabajando para reducir los costos, con una meta concreta de disminuirlos en torno al 25 % y escalar la producción del material de gramos a kilogramos. Este es un desafío habitual para muchas tecnologías: producir en grandes cantidades sin perder calidad y manteniendo precios asequibles.
El interés por la tecnología ya existe. SINTEF indica que han recibido atención de varias startups y patrocinadores, lo cual no es casualidad: el mercado de generadores de agua se estima en unos 2.500 millones de dólares y podría superar los 4.000 millones en 2030.
La nota de prensa de SINTEF sobre los detalles del proyecto fue publicada oficialmente.
