La eficiencia energética en los edificios es una preocupación creciente en Europa. Se nota rápidamente cuando un hogar «pierde» energía: el frío que se cuela por las ventanas en invierno o el aire acondicionado funcionando a toda potencia en verano generan facturas más altas y un confort a medias. Por ello, Bruselas ha puesto el foco en las viviendas y edificios, estableciendo normas que España deberá adaptar a su legislación nacional antes del 29 de mayo de 2026.
Por qué la UE se fija en las viviendas
La Comisión Europea ha destacado que “los edificios son los mayores consumidores de energía en Europa”. Esta afirmación se respalda con datos: alrededor del 40% de la energía consumida en la UE se destina a edificios, el 85% de los cuales fueron construidos antes del año 2000, y un 75% tiene un mal rendimiento energético. Sin embargo, el ritmo de reforma es lento, ya que la tasa anual de rehabilitación energética está en torno al 1%. En las viviendas, casi el 80% de la energía se utiliza para calefacción, refrigeración y agua caliente, lo que significa que, si un edificio tiene un mal rendimiento energético, sus propietarios terminan pagando más para obtener el mismo nivel de confort.
La norma que está detrás del cambio
El cambio normativo proviene de la Directiva (UE) 2024/1275, que revisa la conocida Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD). Su objetivo principal es avanzar hacia un parque inmobiliario de “cero emisiones” para 2050, así como reducir el consumo y las emisiones en el uso diario de los edificios. La directiva también establece un calendario: los países miembros deben presentar un primer borrador de su plan nacional de rehabilitación de edificios antes del 31 de diciembre de 2025 y el primer plan completo antes del 31 de diciembre de 2026. Este proceso es crucial, ya que definirá cómo se aplicará la normativa en cada país, incluida España.
Qué objetivos pone sobre la mesa para 2030
La cifra clave de 2030 no es casual. La directiva exige que el consumo medio de energía primaria en el parque residencial descienda al menos un 16% en 2030 en comparación con 2020, alcanzando una reducción de entre el 20% y el 22% para 2035. Además, establece que al menos el 55% de esta reducción debe lograrse rehabilitando el 43% de los edificios residenciales con peor rendimiento energético. Esto significa un enfoque prioritario en los inmuebles más ineficientes, que suelen ser más antiguos y estar peor aislados.
Esto no significa una reforma obligatoria para cada familia
Es importante aclarar que no se impondrán reformas obligatorias para cada hogar. En el acuerdo final se eliminó la idea de establecer “niveles mínimos” que cada edificio individual debía alcanzar en una fecha fija, pasando a objetivos de reducción media a nivel nacional. En otras palabras, no se tratará de un mandato general para todas las viviendas con fechas estrictas impuestas desde Bruselas. En cambio, se permitirá que cada gobierno decida qué medidas se adaptan mejor a su contexto y clima, con la opción de excepciones para ciertos tipos de edificios, como los históricos o las segundas residencias.
Aislamiento, calefacción y energía solar en la lista
Las reformas recomendadas incluyen mejorar la “piel” del edificio (aislamiento y ventanas), actualizar los sistemas de calefacción, refrigeración y agua caliente, y añadir energías renovables, como placas solares. Estas modificaciones apuntan a las áreas donde más se pierde confort y dinero. Además, la directiva establece que, si es técnica y económicamente viable, las instalaciones solares deben implementarse en edificios residenciales nuevos antes del 31 de diciembre de 2029. En cuanto a la calefacción, se pretende dejar atrás las calderas de combustibles fósiles, comenzando con la eliminación de incentivos financieros para calderas individuales de combustibles fósiles a partir del 1 de enero de 2025.
El certificado energético gana peso en la compra y el alquiler
El certificado de eficiencia energética se convierte en un documento crucial. La directiva exige que este certificado se muestre al comprador o arrendatario potencial y debe ser entregado al vender o alquilar una propiedad. También obliga a que el indicador y la clase energética se incluyan en los anuncios, tanto en portales como fuera de internet. La UE busca que este sistema sea más útil y fácil de comparar, introduciendo certificados digitales y herramientas de apoyo, como “pasaportes de renovación” y “ventanillas únicas” para ayudar a los propietarios a gestionar información y financiación.
Incentivos y pasos sencillos para prepararse
Mientras se concreta la transposición de estas medidas, los propietarios pueden comenzar a mirar los apoyos disponibles y los requisitos que deben cumplir. En España, el Real Decreto ley 16/2025 prolongó las deducciones del IRPF por obras de mejora de eficiencia energética, con tramos del 20% y 40% hasta el 31 de diciembre de 2026, y un 60% para rehabilitaciones energéticas de edificios residenciales hasta el 31 de diciembre de 2027, siempre que se acrediten las mejoras con certificados energéticos. Esto implica que los propietarios de viviendas antiguas o en comunidades de vecinos deben revisar su certificado energético actual, solicitar asesoría técnica antes de realizar obras y estar atentos a las condiciones de ayudas y deducciones, que suelen requerir resultados medibles. La idea final es clara: consumir menos energía para mantener o mejorar el confort y, al mismo tiempo, notar la diferencia en el bolsillo.
La Directiva (UE) 2024/1275 se ha publicado en EUR-Lex.
