El dramaturgo bilbaíno Ignacio Amestoy ha compartido en una entrevista con EFE su perspectiva sobre la importancia del conflicto tanto en el teatro como en la democracia. Según Amestoy, «un teatro sin conflicto no es teatro y una democracia sin conflicto no es democracia». Estas declaraciones fueron realizadas en Logroño, donde Amestoy participó como director del VII Festival Nacional de Teatro Aficionado de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), que concluyó este fin de semana tras su inauguración el pasado 27 de febrero con un homenaje al actor Pepe Viyuela.
Amestoy, quien también es director del Área de Teatro de UNIR y exdirector de la Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid (RESAD), ha destacado que ha habido un «avance extraordinario en la calidad» de los actores españoles y otros profesionales del teatro, indicando que «hay intérpretes, escenógrafos e iluminadores que están en Hollywood».

Democracia y teatro necesitan del conflicto
A pesar del crecimiento del teatro en España, Amestoy destaca que la relación del espectador con el teatro «es otra cuestión», señalando que muchos se han acostumbrado a «productos exclusivamente de gran consumo, como pueden ser las series de televisión», lo que lleva a un «tratamiento débil y no conflictivo de la realidad». Según su visión, «una democracia es un elemento muy asimilable al teatro porque ambos necesitan del conflicto». Sin embargo, menciona que «el espectador ha debilitado un poco su exigencia y se ha convertido más en consumidor que en ciudadano».
En su análisis, el dramaturgo indica que, en Madrid, aunque se considera que hay una «expansión del teatro», gran parte de esta oferta está dirigida a consumidores a través de paquetes turísticos y promociones de hoteles. «En este momento no hay esa conciencia generalizada de ese espectador que sea ciudadano», resaltó.

Amestoy también expresó que el establecimiento de una política cultural adecuada requiere que quien esté al frente del Ministerio de Cultura «tenga en cuenta la realidad de España, lo que significa este país con relación al mundo, lo que ha representado hasta hoy, incluyendo sus defectos y virtudes». Resaltó la necesidad de que exista «alguien sintonizando e, incluso, promoviendo la actividad cultural y teatral», advirtiendo que debe acompañarse de una responsabilidad que evite el fenómeno de la censura encubierta que lleva a la autocensura de los creadores.
«Indudablemente, los poderes públicos tienen que ayudar a preservar esa libertad creativa», afirmó, indicando que «es extremadamente importante facilitar la creación, pero que no se invada el terreno conceptual», enfatizando así la relevancia de la libertad frente a la coerción.
Preservar desde la educación
Además, Amestoy ha insistido en que el arte y la cultura deberían «preservarse desde la educación», comenzando en el entorno familiar, donde considera fundamental que haya libros y que se introduzca a los niños en el mundo cultural. Para él, es esencial que la educación primaria y secundaria sean «potentes» en el desarrollo cultural de los estudiantes, al igual que el ámbito universitario.
«No hay que abandonar el elemento de la educación, sobre todo para fortalecernos ante esta sociedad, que es muy individualista y nada plural», concluyó, destacando la importancia de ser «plurales, abiertos y no unidireccionales».
