Las hormonas tiroideas actúan sobre prácticamente todos los órganos y sistemas del cuerpo. Son especialmente importantes para:
- El desarrollo neurológico y el crecimiento del feto.
- El crecimiento óseo durante la infancia.
- El correcto funcionamiento del corazón.
- La regulación del metabolismo, la temperatura corporal y el gasto energético.
Su producción está controlada por un sistema muy preciso en el que intervienen el hipotálamo y la hipófisis. Cuando este equilibrio se altera, aparecen los trastornos tiroideos.
¿Cuáles son los trastornos de tiroides más frecuentes?
Un desajuste en la producción de las hormonas puede ocasionar un hipertiroidismo o, por el contrario, un hipotiroidismo. Además, la propia glándula puede desarrollar enfermedades como el bocio o contener nódulos.
Hipertiroidismo: uno de los trastornos de la tiroides más comunes
El hipertiroidismo se produce cuando la glándula fabrica más T3 y T4 de lo necesario. La causa más frecuente es la enfermedad de Graves, de origen autoinmune.
Los síntomas suelen ser variados y poco específicos: nerviosismo, temblores, palpitaciones, sudoración excesiva, intolerancia al calor, pérdida de peso pese a mantener el apetito, alteraciones menstruales o problemas oculares.
El diagnóstico se confirma mediante un análisis de sangre con niveles bajos de TSH y elevados de T3 y T4. El tratamiento inicial suele ser farmacológico, pero en caso de recaídas pueden ser necesarias opciones definitivas como el yodo radiactivo o la cirugía, donde se destruye o se extirpa la glándula, obligando a tomar hormona tiroidea (levotiroxina) de por vida.
Hipotiroidismo y su impacto en la salud
En el hipotiroidismo, la tiroides no produce suficiente cantidad de hormonas. En países como España, la causa más habitual es la tiroiditis de Hashimoto, una enfermedad autoinmune mucho más frecuente en mujeres.
Los síntomas más comunes son cansancio persistente, sensación de frío, aumento de peso por retención de líquidos, piel seca, caída del cabello, lentitud mental, alteraciones del colesterol y del ritmo cardíaco.
El tratamiento consiste en la toma diaria de levotiroxina, una hormona sintética que sustituye la función de la tiroides. Es eficaz, pero requiere controles periódicos.
Bocio y el aumento del tamaño de la glándula tiroides
El bocio es el crecimiento anormal de la tiroides. Puede aparecer con función tiroidea normal o alterada y, en muchos casos, pasa desapercibido.
El problema surge cuando el aumento de tamaño comprime estructuras del cuello y provoca dificultad para respirar, tragar o hablar. En estos casos puede ser necesaria la cirugía, seguida de tratamiento hormonal tiroideo sustitutivo.
Nódulos tiroideos: una afección que se debe vigilar y controlar
Los nódulos tiroideos son muy frecuentes: se estima que hasta la mitad de la población tiene al menos uno. La mayoría son benignos, pero requieren seguimiento porque un pequeño porcentaje puede ser maligno.
La ecografía es la prueba inicial para su valoración y, si es necesario, se realiza una punción para analizar el nódulo. En los casos en que se confirma malignidad, el tratamiento suele incluir cirugía y, en ocasiones, yodo radiactivo, con tratamiento con hormona tiroidea posterior de por vida.
Diagnóstico de los trastornos de la tiroides
Un análisis de sangre que mida los niveles de TSH, T3 y T4 es la prueba básica para evaluar la salud de la tiroides.
¿Cuándo hacernos una analítica de sangre?
Un análisis de hormonas tiroideas está especialmente indicado si aparecen síntomas persistentes compatibles con un trastorno tiroideo, si hay antecedentes familiares o durante el embarazo. Detectar a tiempo una alteración permite iniciar el tratamiento adecuado y evitar complicaciones a largo plazo.
Atención a los complementos multivitamínicos: algunos complementos alimenticios pueden interferir en los resultados de los análisis. En particular, la biotina o vitamina B8, presente en muchos multivitamínicos, puede falsear las pruebas de función tiroidea y dar valores erróneos, tanto altos como bajos.
Si necesitas hacerte un control de hormonas tiroideas, conviene interrumpir la toma de biotina al menos 48 horas antes del análisis, para evitar resultados incorrectos.
Prevención y cuidado de la salud tiroidea: toma sal yodada
El yodo es un mineral esencial para fabricar las hormonas tiroideas: sin yodo, no hay hormonas tiroideas. El organismo obtiene el yodo exclusivamente a través de la dieta, principalmente del pescado, el marisco y la sal yodada.
Las necesidades de yodo varían a lo largo de la vida y aumentan durante el embarazo y la lactancia.
- Una ingesta insuficiente puede provocar síntomas como fatiga, apatía o depresión y, si se mantiene en el tiempo, favorecer el hipotiroidismo.
- Pero el exceso tampoco es bueno: en personas con hipertiroidismo puede agravar síntomas como la irritabilidad, el insomnio o la sudoración.
La recomendación es sencilla y clara: utilizar sal yodada en lugar de sal común, pero sin sobrepasar el consumo total de sal aconsejado. La Organización Mundial de la Salud fija el límite en 5 gramos de sal al día. Para hacernos una idea, esa cantidad de sal yodada aporta alrededor del 20% de las necesidades diarias de yodo.
El hipotiroidismo aparece cuando hay una producción hormonal insuficiente, frecuentemente debido a la tiroiditis de Hashimoto. Provoca fatiga, sensibilidad al frío, aumento de peso, piel seca y enlentecimiento del metabolismo, y se controla eficazmente con terapia de reemplazo diario de levotiroxina de por vida.
El bocio y los nódulos tiroideos son afecciones comunes y generalmente benignas, pero que requieren control y seguimiento. Los análisis de sangre y la ecografía respaldan el diagnóstico, mientras que una ingesta adecuada de yodo, principalmente a través de la sal yodada, ayuda a prevenir la disfunción sin exceder el consumo recomendado de sal.
