La costa central de California vive una crisis silenciosa bajo la superficie. Entre 2014 y 2020, la densidad de los bosques de algas gigantes en la Bahía de Monterey se redujo de media en torno a un 51 por ciento, y los datos muestran que en 2020 la caída ya rondaba el 72 por ciento respecto a los años previos a 2014. En algunas zonas del norte del estado, más del 95 por ciento del manto de algas ha desaparecido, sustituido por un «pavimento» de erizos de mar.
Frente a este desplome, científicos y administraciones están apostando por reforzar las poblaciones de nutria marina en la Bahía de Monterey y otras áreas de la costa central, a la vez que equipos de buceo retiran erizos de forma manual. Para muchos especialistas, es un último recurso para que estos bosques submarinos tengan una oportunidad real de recuperación.
Un bosque bajo el mar que sostiene la costa
Los bosques de algas de Monterey funcionan como auténticas «catedrales verdes» del Pacífico. Formados por algas pardas gigantes que pueden superar los 30 o 40 metros de longitud, crean una estructura tridimensional donde viven peces, invertebrados, mamíferos marinos y aves que dependen de ese refugio para alimentarse y reproducirse.
Además, ayudan a frenar la energía de las olas y a estabilizar los fondos, lo que reduce la erosión costera, un detalle que se nota cuando llegan temporales fuertes. También capturan grandes cantidades de CO₂ y oxigenan el agua, con tasas de absorción que en algunos estudios rivalizan con las de bosques terrestres muy productivos.
Por eso preocupa tanto que, en apenas una década, una parte importante de este bosque se haya transformado en «desiertos de erizos», zonas rocosas casi sin macroalgas donde dominan los púrpuras erizos de mar.
El efecto dominó de 2013 y la explosión de erizos
La crisis no tiene una única causa. El punto de inflexión llegó en 2013 con la llamada enfermedad de desgaste de las estrellas de mar, que arrasó poblaciones de varias especies a lo largo de toda la costa oeste de Norteamérica, incluida la estrella girasol, un depredador clave de erizos.
Casi al mismo tiempo, se instaló una intensa ola de calor marino entre 2014 y 2016 que elevó la temperatura del océano durante años y debilitó a las algas gigantes. Sin estrellas de mar suficientes y con algas estresadas por el calor y la falta de nutrientes, los erizos de mar encontraron barra libre.
En algunos tramos de la costa californiana, las agencias ambientales describen densidades de erizos hasta 60 veces superiores a los niveles históricos, con pérdidas de kelp de más del 90 por ciento en ciertas regiones del norte. Estos animales pueden sobrevivir casi sin alimento durante largos periodos, roen las estructuras de anclaje de las algas e impiden que las plántulas nuevas lleguen a consolidarse. El resultado es un estado alternativo muy estable que tiende a perpetuarse.
Nutrias marinas, depredador clave pero no milagroso
Aquí entran en juego las nutrias marinas. Esta especie fue cazada casi hasta la extinción por su piel y solo sobrevivió un pequeño grupo en la costa central de California. El trabajo de rescate y liberación del Monterey Bay Aquarium y otras entidades ha permitido que, con el tiempo, vuelvan a ocupar zonas como Monterey y alrededores.
Cada nutria adulta puede comer hasta una cuarta parte de su peso al día, y cuando los erizos abundan, se convierten en uno de sus platos principales. Estudios recientes muestran que, donde las nutrias han recuperado espacio a lo largo de la costa de California, los bosques de algas son más extensos y resistieron mejor las presiones del calentamiento y de los erizos a escala de un siglo.
Sin embargo, los científicos matizan que su presencia, por sí sola, no basta. En fondos que ya se han convertido en desiertos de erizos famélicos, la nutria obtiene poca energía por cada captura, así que se centra en otras presas más rentables y deja esos «páramos» prácticamente igual. Por eso, hablan de las nutrias como condición necesaria pero no suficiente para la recuperación.
Como efecto colateral positivo, la expansión de nutrias en estuarios como Elkhorn Slough, dentro de la propia Bahía de Monterey, está ayudando a mantener a raya al cangrejo verde europeo, una especie invasora que daña praderas marinas y marismas. Investigaciones recientes encuentran una relación clara entre el aumento de nutrias y el descenso de estos cangrejos en esa zona.
Trabajo de buceo y programa de «madres sustitutas»
Cuando el bosque ya ha colapsado, la pieza que falta es el trabajo humano. En varias zonas de California, incluida la Bahía de Monterey, equipos de buceadores y voluntarios retiran erizos manualmente para reducir las densidades hasta niveles en los que las algas puedan volver a asentarse. No se trata de arrasar todo, sino de limpiar áreas concretas de forma repetida. Allí donde la retirada es constante, los primeros brotes de kelp empiezan a aparecer en pocos meses y las nutrias pueden terminar de cerrar el círculo.
Reforzar el papel de la nutria implica también aumentar sus posibilidades de supervivencia. Desde los años dos mil, el Acuario de la Bahía de Monterey desarrolla un programa pionero de «madres sustitutas» en el que hembras no liberables crían a crías huérfanas y les enseñan a acicalarse, regular la temperatura, bucear, buscar alimento y usar piedras como herramienta, sin acostumbrarlas a la presencia humana.
Un análisis reciente de esta iniciativa indica que aproximadamente un 75 por ciento de las 64 nutrias emparejadas con una madre sustituta entre 2001 y 2021 lograron reintroducirse con éxito en la naturaleza, una tasa claramente superior a la de programas anteriores basados en cría directamente por cuidadores humanos.
Un laboratorio vivo de restauración costera
Monterey se ha convertido en un laboratorio a cielo abierto donde se cruzan cambio climático, sobrepoblaciones de erizos, especies invasoras y recuperación de un depredador emblemático. Para quien mira el mar desde el paseo marítimo, todo esto es invisible, pero de lo que ocurra bajo esas aguas frías dependen pesquerías locales, defensa de la costa y parte de la captura natural de carbono del litoral californiano.
No hay una bala de plata. La recuperación pasa por combinar control de erizos, protección de los bosques que aún resisten y refuerzo de las poblaciones de nutria marina y de otros depredadores. En buena medida, lo que funcione en Monterey marcará el camino de otros proyectos similares en el Pacífico.
El estudio científico que cuantifica este colapso de los bosques de algas y describe el mosaico de «bosque» y «desierto de erizos» en la península de Monterey ha sido publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B.
