El buitre negro es el ave rapaz de mayor envergadura de Europa y cuenta en la Sierra de San Pedro en Extremadura con una de sus colonias más importantes. La pérdida de medio centenar de nidos supone un duro golpe para su conservación, ya que afecta directamente a la reproducción de la especie en un área crítica para su supervivencia.
Muchos de los pollos, incapaces de volar aún, murieron atrapados en los nidos, mientras que los adultos se vieron forzados a abandonar sus territorios de cría. Las llamas de este verano en la zona quemaron medio centenar de estos nidos, dejando una escena dramática.
Las llamas arrasaron los nidos de buitre negro en Extremadura
Una entidad ambientalista ha presentado en Cáceres, al igual que ha hecho en otras poblaciones del país, el informe ‘Incendios y Biodiversidad 2025’, que revela el «grave impacto» de los fuegos del verano a especies de aves amenazadas y a espacios clave para la biodiversidad. En el caso de Extremadura, se ha puesto el foco en la Sierra de San Pedro, donde se vieron afectados medio centenar de nidos de buitre negro.
Este impacto ha sido calificado de «enorme» sobre algunos espacios y sobre la biodiversidad en la región. Desde la entidad han destacado que los incendios del pasado verano «han afectado a unas 5.000 o 6.000 hectáreas», una parte «muy pequeña» de esa comarca, pero «una parte muy valiosa», ya que los incendios habrían afectado a «50 nidos de buitre negro».
En una rueda de prensa, se explicó que se trata de una especie cuyo periodo de estancia en el nido para los pollos se extiende hasta septiembre, lo que significa que «una parte muy importante de los pollos que había en esos 50 nidos habrá perecido en el incendio». Este evento se considera un «impacto muy significativo» sobre una especie que, aunque parece abundante en Extremadura, no lo es, y que a nivel europeo es considerada escasa.
Estas 50 parejas reproductoras son prácticamente la población de Francia y mucho más que toda la población de Portugal o de Grecia, donde se distribuye la especie y algunos países del centro de Europa, que están recuperando sus poblaciones con «programas de reintroducción carísimos».
Por otro lado, también hay que lamentar que bosques muy valiosos han desaparecido. Se ha hecho referencia al monte mediterráneo de la Sierra de San Pedro, de encinas y alcornoques, así como a los bosques de los valles del Ambroz y del Jerte, de robles y castaños, en relación al incendio de Jarilla. Urge tomar medidas, y se ha reclamado «máxima prioridad» para los trabajos de defensa de los suelos afectados y para evitar que las lluvias, por correntía, acaben llevando toneladas de suelo y de cenizas a los sistemas fluviales del Valle del Jerte y del Ambroz.
Aunque la Junta de Extremadura está tomando medidas, han advertido que pueden «sobrepasar las capacidades de la Administración» y han instado a que «no se permita el aprovechamiento económico de la madera quemada». A este respecto, hemos escuchado críticas sobre que la Junta «ha permitido directamente» el aprovechamiento de toda la madera dentro de los perímetros del incendio, sin tener en cuenta el grado de afección de los árboles y pese a que «sea posible la supervivencia de ese arbolado».
El llamado es a que este aprovechamiento «no puede ser privado». Debe haber un aprovechamiento exclusivamente público, y los recursos obtenidos deben servir para financiar todas las medidas necesarias. El objetivo es evitar «generar expectativas», ya que esto podría tener un riesgo de efecto llamada para incendios intencionados.
Este incendio reaviva el debate sobre la necesidad de reforzar la prevención y gestión de los montes, así como de dotar de mayores recursos a los equipos de extinción y a los programas de conservación de especies amenazadas. En la comunidad extremeña hay al menos más de 1.200 parejas de buitre negro, que representan el 44% de la población europea de esta especie.
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