Mientras los líderes de la UE se reúnen en Bruselas para mostrar un frente unido en respuesta a las amenazas de Trump, una flotilla de buques cisterna recorre nuestro continente para descargar gas procedente de Estados Unidos, lo que demuestra lo dependiente que es Europa en estos momentos de los combustibles fósiles estadounidenses, afirman.
Es hora de que nuestros líderes políticos abran los ojos y reconozcan que las inversiones en energías renovables, las soluciones a la pobreza energética y los empleos verdes aportan fortaleza, y no la desregulación para complacer a la última hornada de dictadores, añaden.
Energías renovables frente a presión geopolítica
Redoblar la apuesta por un sistema económico que da rienda suelta a las empresas abusivas y a sus valedores políticos a expensas de la naturaleza y de la gran mayoría de la población solo debilitará a Europa y sembrará las semillas de futuros conflictos. La UE debería empezar no solo por congelar, sino por descartar el acuerdo comercial entre la UE y EE. UU. y el acuerdo para importar 750.000 millones de dólares en energía estadounidense, principalmente gas fósil, insisten.
Independencia energética como pilar político europeo
La UE debería empezar no solo por congelar, sino por descartar el acuerdo comercial entre la UE y EE. UU. y el acuerdo para importar 750.000 millones de dólares en energía estadounidense, principalmente gas fósil.
En este mismo sentido recuerdan que la independencia política va de la mano de la independencia energética. Cuanto más depende Europa de Estados Unidos para su seguridad energética, mayor es su vulnerabilidad a la presión política de Trump.
Esta dependencia es una trampa peligrosa. La única manera de que Europa proteja su independencia política y logre una verdadera seguridad energética es eliminando gradualmente el gas fósil y acelerando la transición hacia un sistema energético eficiente, suficiente y totalmente renovable, remarcan los activistas.
La situación revela una debilidad de fondo: Europa aún no ha completado su transición energética ni ha desarrollado una política común verdaderamente soberana. Mientras no acelere las renovables, el almacenamiento y la eficiencia, seguirá cambiando de proveedor sin cambiar de problema. Y en ese tablero, arrodillarse hoy al gas estadounidense puede hipotecar la autonomía del mañana.
