La historia del lince ibérico es un claro ejemplo de cómo la comunicación y la implicación social pueden cambiar radicalmente la percepción y la situación de una especie en peligro de extinción. Según el testimonio de Navarro, un defensor del lince que ha dedicado más de dos décadas a la divulgación sobre esta especie, «si no hubieran ido de la mano, no hubieran servido, evidentemente, ninguna de las dos, porque si no hubieras hecho divulgación y si no hubieras conseguido el apoyo de la gente que vive en el territorio, no hubieras conseguido posiblemente nada desde el punto de vista técnico». Esta reflexión subraya la importancia del apoyo comunitario en los esfuerzos de conservación.
Navarro destaca que el lince ibérico ha sido «muy bonito» y que sus «ojos que te cautivan, el pelaje y su fiereza cuando lo ves en el campo» han facilitado su llegada al imaginario colectivo. Sin embargo, para llegar a este punto positivo, se tuvo que transitar un «largo camino en el que se partía de una idea antagónica: hemos pasado de ser algo que se consideraba advenedizo, extraño, una alimaña, a que ahora el lince sea como un bien propio de los ayuntamientos, como un vecino honorífico».
Cafés, bares y conversación diaria: la clave del cambio social
La clave del éxito en la comunicación sobre la conservación del lince ibérico no ha radicado en grandes campañas o congresos, sino en algo mucho más cotidiano. Según Navarro, el éxito ha residido en «ir todos los días al mismo bar y tomarte café con la misma gente y hablarle del lince ibérico». Esta aproximación simples y directa es fundamental para fomentar la implicación social.
La responsable de comunicación y divulgación de Iberlince subraya que «si no se consigue implicar a la gente, nada puede hacerse en materia de conservación; la partida está perdida». Desde un principio, se estableció la necesidad de mostrar a la sociedad que el lince ibérico era algo que les pertenecía. «Lo que tú haces tuyo es tu casa, es tu coche, es tu hermano, es tu hijo. Cuando tú dices “es mi lince y se llama Orco”, ya todo el mundo se pregunta de dónde viene y quién era su madre. Se convierte en tu lince, es el lince que vive en tu sierra, en tu pueblo, en tu territorio», explica Navarro.
De ahí que, por ejemplo, hayan decidido que las sueltas de linces criados en cautividad en su hábitat natural sean abiertas al público, para que todo el mundo «lo vea, lo sienta de cerca y lo haga suyo».
Sueltas abiertas al público para crear vínculo emocional
Otro gran éxito de esta campaña comunicativa fue, según Navarro, haber conseguido «sentar en la misma mesa» a organizaciones ecologistas, cazadores y asociaciones agrarias. Se logró que todos comenzaran a hablar del lince, lo que ha generado un interés y un apoyo inesperado. «Ahora nos preguntan cómo fue eso posible», indica la responsable de comunicación, quien asegura que todo se dio «de la forma más natural del mundo: se sentaron y empezaron a hablar».
Navarro concluye que «muchas veces las cosas parecen complicadas y son tan sencillas como sentarse a hablar con un café delante».
Además, se llevaron a cabo numerosas acciones de sensibilización y formación dirigidas tanto a las comunidades locales donde se reintrodujo la especie, como al público en general, con el objetivo de concienciar sobre las amenazas que ponen en peligro al lince ibérico y la importancia de su recuperación.
La comunicación se reforzó gracias a resultados claros y positivos de los programas que protegían al lince ibérico, como el cambio de categoría en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN, que contabilizó 2.400 ejemplares en libertad, un notable crecimiento desde los menos de 100 que quedaban hace 25 años.
