El precio de la vivienda usada volvió a subir en octubre, hasta alcanzar los 2.081 euros por metro cuadrado, lo que supone un incremento del 7,6% respecto al mismo mes del año pasado y del 0,5% en relación con septiembre, según datos de Hogaria.net. Este aumento ha sido atribuido a una demanda mayor que la oferta, junto con la incapacidad de la construcción para seguir el ritmo necesario ante la creciente demanda.
Hogaria.net señala que la causa inmediata de esta escalada es «clara», destacando que «hay más demanda que oferta». Desde hace varios años, la promoción de vivienda nueva ha ido disminuyendo debido a los altos costes del suelo, la burocracia urbanística y el encarecimiento de los materiales. Además, se ha informado que las licencias «tardan meses o incluso años», y que el suelo disponible en las grandes ciudades «se agota o queda en manos de pocos propietarios».
Según el portal inmobiliario, la solución pasa por aumentar la oferta, pero no de cualquier tipo. «España necesita vivienda asequible, no más promociones de lujo. Los incentivos fiscales a la vivienda protegida, la rehabilitación de edificios infrautilizados y la colaboración público-privada real son pasos urgentes si se quiere evitar que el mercado siga expulsando a las clases medias urbanas», argumentan desde Hogaria.net.
Provincias más caras: Islas Baleares, Madrid y Guipúzcoa
El análisis de Hogaria.net evidencia que los precios aumentaron en 44 provincias durante octubre. Las Islas Baleares se colocan a la cabeza con 4.757 euros por metro cuadrado, seguidas de Madrid con 3.944 euros y Guipúzcoa con 3.912 euros. Málaga (3.770 euros) y Barcelona (3.598 euros) completan la lista de las provincias más caras.
En contraste, los precios en provincias como Ciudad Real (1.160 euros) o Palencia (1.219 euros) son «tres o cuatro veces menores». Este fenómeno no es simplemente una cuestión de diferencias territoriales, sino que refleja «una fractura socioeconómica». Hogaria.net indica que mientras Madrid y Barcelona cuentan con distritos de lujo donde los precios superan los 6.000 euros por metro cuadrado, en el resto del país se observa un mercado cada vez más desvinculado de los salarios reales.
Fondos de inversión, particulares con capacidad de ahorro e incluso extranjeros están comprando viviendas como una forma de proteger su capital, y no para residir en ellas. Paralelamente, la administración local no actúa sobre la vivienda vacía ni regula el uso turístico de los pisos. Hogaria.net sugiere que una medida potencial, aunque «políticamente incómoda», sería gravar la vivienda ociosa y limitar el uso turístico en áreas de alta demanda, como ya se realiza en algunas ciudades europeas con éxito.
El mercado del alquiler también se considera «el otro gran motor de la inflación inmobiliaria». Con las rentas al alza y un marco regulatorio cambiante, muchos inquilinos optan por la compra antes de que los precios aumenten aún más, lo que perpetúa el ciclo de incremento de precios, según Hogaria.net.
Defensa de la vivienda como una infraestructura básica
Hogaria.net argumenta que el problema «no se resuelve limitando precios sin ofrecer alternativas». El control de rentas sin una oferta adecuada simplemente traslada la presión al mercado de compraventa. El portafolio de vivienda pública en España «apenas alcanza el 2,5% del total, frente al 15% de países como Francia o los Países Bajos». Sin un parque público fuerte, cualquier regulación se convierte en «papel mojado».
Además, cada mes que los precios suben «amplía la brecha entre quienes pueden acceder a una hipoteca y quienes quedan fuera». La vivienda ha dejado de ser un derecho social y se ha convertido en una forma de inversión, respaldada por décadas de políticas que favorecen la propiedad privada, perjudicando al alquiler público.
En este contexto, Hogaria.net hace un llamado a «dejar de entender la vivienda como un producto financiero y empezar a tratarla como una infraestructura básica, al nivel de la sanidad o la educación». Sin una visión estructural, los datos de portales como Hogaria.net seguirán reflejando el mismo diagnóstico: «la vivienda sigue subiendo y el problema sigue sin resolverse».
