La obesidad infantil es un problema generalizado, tanto que la Organización Mundial de la Salud ha decidido tomar cartas en el asunto y ha previsto distintas medidas destinadas a atajarlo. Entre ellas destaca la creación de un código internacional que regule la comercialización de los alimentos para niños, con el fin de controlar la publicidad y promoción de los productos menos saludables.
Según los últimos datos, más del 20% de los niños de todo el mundo tiene sobrepeso u obesidad. En España, las cifras no son más optimistas: el 20% de los niños entre 6 y 9 años tienen sobrepeso, y el 16% sufren obesidad (según datos del estudio ALADINO 2023).
¿Por qué hay tanta obesidad y sobrepeso infantil?
Son muchos los factores que influyen en esta situación, pero es un hecho que nuestra forma de alimentación ha cambiado y la famosa dieta mediterránea ha sido sustituida por otros alimentos menos saludables.
Se consume más carne y menos legumbres, los derivados lácteos azucarados se imponen frente a la leche, la bollería industrial prevalece sobre el pan tradicional, y se dejan de consumir productos frescos para pasar a ingerir más derivados cárnicos y platos preparados, mucho más ricos en grasa y sal.
Malos hábitos, como el saltarse el desayuno, junto al creciente sedentarismo, también influyen en la situación actual. Los niños sufren esto de una manera aún más directa, porque además el grueso de la publicidad de alimentos se compone de productos destinados a ellos, que, aun disfrazados de dudosas virtudes nutricionales, son poco saludables.
¿Cómo resolver el problema?
- De entrada, hay que limitar el consumo por parte de los niños de los alimentos menos saludables: chocolatinas, bollos, postres lácteos y embutidos deberían ser productos de consumo ocasional, y sin embargo se han convertido en los principales protagonistas de los anuncios. De ahí la importancia de controlar la publicidad de alimentos para niños.
- Por otro lado, es preciso fomentar unos hábitos nutricionales correctos, con menús variados, equilibrados y sanos en todas las comidas diarias. Es muy importante que los niños coman bien.
- Por último, seguir un estilo de vida saludable, evitando el sedentarismo: el equilibrio en la alimentación debe sumarse a un mayor ejercicio físico para acabar con la obesidad.
Conseguirlo, tarea de todos
- Por una parte, son las propias familias, los padres de los niños, quienes deben implicarse en lo que comen, informándose, comparando y eligiendo el producto más adecuado.
- Las administraciones deben asumir su responsabilidad: a ellas compete informar a la población, establecer normas para luchar contra este problema (en el etiquetado, publicidad, composición de los alimentos…), controlar su cumplimiento y sancionar en caso de que no se respeten.
- La industria también tiene una buena parte de responsabilidad que debe ejercer mediante el desarrollo de nuevos productos más equilibrados y sanos, reduciendo los contenidos de sal, azúcar y grasas. Es necesario que mejoren el etiquetado nutricional, ofreciendo información más exacta y útil, como es la cantidad diaria recomendada para niños.
- Y finalmente, le llega el turno a la publicidad, que debe ser mucho más cuidadosa y responsable con los productos de alimentación, especialmente cuando van dirigidos a los niños.
Comerciantes y publicistas son conscientes del potencial de consumo que representan los más pequeños de la casa. Para ellos, los niños son un objetivo triple: lo primero, porque ellos mismos tienen dinero para gastar (sobre todo en productos que no sean demasiado caros); después, porque pueden llegar a influir mucho en las compras que realizan los adultos de la familia; y por último, porque ellos son los adultos del futuro.
Los niños sufren esto de una manera aún más directa, porque además el grueso de la publicidad de alimentos se compone de productos destinados a ellos, que, aun disfrazados de dudosas virtudes nutricionales, son poco saludables.
Sobre todo alimentos poco saludables
Estudios sobre la publicidad de los alimentos revelan que lo que más se anuncia son alimentos cuyo consumo, en la mayoría de los casos, debería ser ocasional, y no la base de la alimentación: pastelería y bollería, postres y yogures azucarados, derivados del cacao, cereales, galletas, fast food y refrescos ocupan el 90% de la publicidad de alimentos emitida en horario infantil.
Los recursos de la publicidad
La publicidad recurre a todo tipo de estrategias para llegar a los más pequeños: redes sociales, promociones en páginas web, clubs, esponsorización de actos, promociones, además de las formas tradicionales de publicidad.
- Es frecuente recurrir a regalos para vender el producto. En muchos casos, en los anuncios solo se publicita el regalo. A menudo, el regalo (pegatinas o cromos, por ejemplo) convive con sorteos y viajes.
- Un truco habitual es recurrir a personajes (deportistas, personajes de ficción, etc.) para vender el producto. Los personajes de dibujos animados son una referencia constante en los envases para los más pequeños.
Comer bien a lo largo del día
Uno de los principios básicos de una buena alimentación es repartir el aporte calórico y de nutrientes a lo largo del día. Por eso es importante respetar todas las comidas, pero sin perder de vista el apetito del niño; si no tiene hambre, no hay que obligarle a terminarse el plato.
Es importante saber diferenciar la falta de apetito con “el capricho” de no comer un plato porque al niño no le gusta, a sabiendas que se le preparará otra cosa. El ejemplo de los padres es muy importante: si en casa se come de forma variada y equilibrada, tratarán de imitarlos del mismo modo.
Las necesidades energéticas varían en función de la edad y las características del niño. Por ejemplo, un niño activo de 10-12 años necesita un aporte calórico de 2.200 kcal a lo largo de su jornada. Lo normal es repartirlo en cinco comidas a lo largo del día, aunque no tiene por qué ser una norma estricta; el apetito del niño establecerá el número de ingestas diarias.
El desayuno
Es la primera ingesta del día y puede ser tan importante como la comida o la cena. Para que sea un éxito…
- Recuerda que las prisas no son buenas para desayunar.
- Para que el niño lo acepte mejor, conviene evitar la monotonía y distracciones como la tele.
- Si se hace en familia, como sucede con las demás comidas, mucho mejor.
Un desayuno completo y variado para niños y adolescentes debería integrar distintos elementos:
- Lácteos (leche, yogur o queso) sin azúcares añadidos.
- Fruta (preferiblemente entera).
- Derivados de cereal: pan integral o cereales de desayuno a base de copos de maíz, trigo o avena (sin azúcares añadidos). Los cereales son una fuente básica de nutrientes: hidratos de carbono complejos, fibra,
FUENTE
