Un reciente estudio ha arrojado luz sobre el impacto de los microplásticos y los bioplásticos en el ecosistema acuático, especialmente en la eutrofización, un proceso que ha sido intensamente debatido en los últimos años. La investigación muestra que la presencia de plásticos en los cuerpos de agua puede alterar significativamente la dinámica de las comunidades microbianas y afectar la calidad del agua.
Los microbios se reordenan
El equipo de investigación también analizó las comunidades microbianas mediante secuenciación de ADN. Los tres tipos de plásticos evaluados modificaron la composición de bacterias y eucariotas. Sin embargo, el plástico derivado del petróleo fue el que más alteraciones provocó. En los estanques donde se utilizó Elastollan, se observaron grupos de algas verdes y doradas asociados a floraciones, así como protistas que aprovechan esa biomasa extra. Por otro lado, con los bioplásticos, se detectó un aumento en los crustáceos del plancton y ciliados depredadores, un patrón que parece ajustarse mejor a un ecosistema en el que el pastoreo controla el crecimiento de las algas.
En otras palabras, los microplásticos no solo flotan en el agua. Actúan como superficie para la formación de biopelículas, alteran la población de organismos que se desarrollan en ellos y reconfiguran la red alimentaria microscópica. Este fenómeno tiene repercusiones palpables en los ecosistemas acuáticos.
Microplásticos, eutrofización y el papel de los bioplásticos
El estudio conecta dos problemáticas que ya conocíamos por separado: la eutrofización, impulsada por el exceso de nutrientes de fertilizantes y aguas residuales, que es responsable de muchas floraciones de algas y episodios de falta de oxígeno en lagos y zonas costeras; y el desafío global del plástico, donde cada año se producen alrededor de 400 millones de toneladas de plásticos, y los microplásticos han sido detectados desde las fosas oceánicas más profundas hasta el hielo del Ártico.
Los bioplásticos aparecen en este contexto como una solución interesante, aunque no perfecta. Actualmente, representan menos del 1% del plástico que se fabrica cada año, y muchos están diseñados para degradarse mejor en condiciones controladas de compostaje que en lagos o embalses.
Los hallazgos sugieren que, al ingresar al agua en forma de microplásticos, estos materiales de origen biológico provocan menos floraciones algales y facilitan la recuperación del zooplancton. En general, su huella ecológica parece ser menor en comparación con los plásticos derivados del petróleo. Aun así, no son inofensivos; a altas concentraciones también se observaron proliferaciones de algas y efectos temporales sobre los herbívoros.
La conclusión práctica es contundente: reducir la entrada de plásticos convencionales en ríos, lagos y embalses es crucial para disminuir el fenómeno conocido como «sopa verde», minimizar los episodios de falta de oxígeno y proteger la fauna acuática y la calidad del agua que consumimos. Sustituir parte de esos plásticos por bioplásticos podría ser beneficioso, siempre que se complemente con una gestión adecuada de residuos. Sin embargo, creer que simplemente cambiar el tipo de plástico resolverá el problema sería un grave error.
Los investigadores también remarcan que los microplásticos pueden favorecer las floraciones algales, aunque el momento y el lugar exactos dependen de otros factores, como la disponibilidad de nutrientes y la temperatura. Este detalle es fundamental para comprender la complejidad de la interacción entre plásticos y ecosistemas acuáticos.
El estudio completo ha sido publicado en la revista científica Communications Sustainability del grupo Nature.
