Los osos siempre han tenido fama de depredadores duros, capaces de aprovechar casi cualquier cosa que se mueva o que huela a comida. Sin embargo, un nuevo trabajo científico pone el foco en otra idea: su dieta no solo es flexible, también puede cambiar mucho con el clima y con lo que el territorio ofrece. Esto significa que su papel en la naturaleza podría moverse desde «cazador» hacia algo más parecido a «gran consumidor de plantas» en ciertos lugares y épocas.
El estudio, publicado en Nature Communications, analiza información ecológica actual y datos paleoecológicos de siete especies de osos. La conclusión central es que, cuando la productividad vegetal aumenta y la temporada de crecimiento se alarga, muchos osos tienden a bajar su «posición» en la red trófica, un fenómeno que los investigadores describen como «recableado trófico».
¿Qué significa «recableado trófico» cuando hablamos de osos?
La idea es sencilla, aunque suene técnica: un animal omnívoro grande puede cambiar su menú según el entorno, y con ello cambia también su función ecológica. No es lo mismo un oso que se alimenta más de presas que otro que pasa buena parte del año tirando de frutos, raíces, hierbas o carroña puntual. Ese giro puede afectar a cómo se mueven los nutrientes, cómo se dispersan semillas o cómo se presiona a ciertas poblaciones de animales.
¿Y por qué importa? Porque los osos no son «un actor más». Son grandes, se desplazan mucho y conectan ecosistemas. Cuando cambian ellos, el efecto puede notarse alrededor.
Lo que cuentan los huesos: una pista que viene de hace 12.000 años
Aquí es donde el estudio se pone especialmente interesante. Los investigadores observaron también el pasado, utilizando evidencia isotópica en restos óseos del Pleistoceno tardío y el Holoceno. En el caso del oso pardo europeo, los datos apuntan a una bajada marcada en su posición trófica tras la última glaciación, hace unos 12.000 años, coincidiendo con un aumento de la productividad primaria y temporadas de crecimiento vegetal más largas.
Dicho de otra forma: cuando el «buffet vegetal» se amplía durante más meses, el oso puede alimentarse más de plantas. Y esto no es solo una anécdota de un año, sino un cambio que puede consolidarse con el tiempo.
Cambio climático, paisaje y conflictos: lo que hay que mirar ahora
Con el calentamiento global, en muchas regiones se están alargando las temporadas de crecimiento. Esto podría favorecer dietas más vegetales en algunas poblaciones, aunque no será igual en todas partes, ya que depende del hábitat, la especie, la estación y la disponibilidad real de alimento. Pero hay un segundo factor a considerar: el uso del suelo. Si los hábitats se fragmentan o se reducen, los osos pueden verse obligados a buscar comida en zonas humanizadas, lo que conlleva sus propios desafíos (basura, cultivos, ganadería). Aquí aparece el punto práctico para el lector: no es solo «qué comen», sino «dónde lo buscan» y qué impactos genera esa búsqueda.
Como resume la Estación Biológica de Doñana (CSIC), esta capacidad de adaptación subraya el papel de los grandes omnívoros en la estabilidad de las redes tróficas bajo presiones globales.
El estudio ha sido publicado en Nature Communications y puede consultarse también su ficha en PubMed.
