La Unión Europea enfrenta una crisis de ambición según el informe de Estudios Ambientales (EA), en medio del ascenso de la ultraderecha y gobiernos negacionistas que parecen incapaces de acordar objetivos claros para 2040, mientras desmantelan legislación ambiental bajo la figura de paquetes Omnibus.
China ha hecho un compromiso absoluto de reducción de emisiones que, aunque significativo, no es suficiente para limitar el calentamiento a 1,5 °C. Al mismo tiempo, el país sigue siendo líder en la producción de tecnologías limpias y minerales críticos.
En contraste, Estados Unidos abandonó el Acuerdo de París durante la administración de Donald Trump, lo que resultó en un recorte de la financiación climática y un aumento en la producción de combustibles fósiles. Desde EA se señala que el G77 y China continúan presionando por la financiación climática y la responsabilidad del Norte global, mientras que este último se escuda en el uso de financiación privada y justifica la falta de avances en mitigación.
Además, la Cumbre de los Pueblos en Belém, en la Amazonía brasileña, congregará a más de 1.200 organizaciones, convirtiéndose en una movilización internacional el 15 de noviembre, donde se presentarán demandas durante la sesión plenaria de la COP30.
La coalición «Pueblos contra el Extractivismo», un movimiento que abarca América Latina, Europa y África, denuncia el «colonialismo verde» y la expansión minera como parte de la transición energética. Esta coalición sostiene que no hay justicia climática en territorio ocupado y critica enérgicamente el genocidio en Palestina y la tibieza de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC).
Brasil, el motor de Sudamérica
EA destaca que Brasil llega a la COP30 con «profundas contradicciones», ya que, bajo el gobierno de Lula, la deforestación amazónica se redujo en un 62 % en 2023, lo que equivale a una reducción de 200 millones de toneladas de CO₂eq. No obstante, el país mantiene una dependencia creciente de los combustibles fósiles; el petróleo sigue siendo su principal producto de exportación y Petrobras está ampliando su frontera petrolera en la Margen Ecuatorial, desafiando los compromisos de deforestación cero para 2030.
Brasil representa el 1,2 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI), pero su expansión en el sector petrolero y gasístico amenaza con consolidar un modelo extractivista que contradice su imagen de líder climático.
Emergencia y multilateralismo climático
El fracaso de la COP29 en Bakú dejó un objetivo de financiación climática de 1,3 billones de dólares anuales para 2035, pero con un núcleo de financiación pública de solo 300.000 millones, una cantidad que, considerando la inflación, no representa ningún aumento real respecto al compromiso de 2009.
El acuerdo evitó deliberadamente reconocer la obligación de los países del Norte global de aportar financiación pública y suficiente, proponiendo en su lugar fuentes privadas y métodos «innovadores». La ONG denuncia retrocesos graves en el ámbito de mitigación que han borrado los avances de Dubái un año antes.
Las cumbres de Bonn y Sevilla de 2025 pusieron de manifiesto esta tendencia negativa en la financiación climática. Durante la cumbre de Bonn se logró incluir el Mecanismo de Acción de Belém para la transición justa, pero persistieron bloqueos sistemáticos de petroestados y países del Norte global.
En Sevilla, la cumbre de Financiación para el Desarrollo concluyó sin avances significativos, evidenciando un grave déficit democrático y una clara captura corporativa.
No obstante, fue un triunfo la Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia, que en julio de este año estableció el umbral de 1,5 °C.
Por todas estas razones, EA afirma que la COP30 en Belém será la prueba definitiva de si el multilateralismo puede responder a la emergencia climática o si el sistema está completamente capturado por intereses corporativos y de las naciones más ricas.
Además, recuerdan que Lula da Silva ha presentado un plan, el TFFF, para frenar la tala indiscriminada de selvas y bosques tropicales, subrayando la necesidad de acuerdos de financiación más amplios. Es esencial descender las emisiones como se pactó en el Acuerdo de París, pues de lo contrario, las repercusiones del cambio climático serán cada vez más severas año tras año.
