El aumento de las temperaturas globales y las olas de calor, las sequías cada vez más recurrentes y severas, junto a la acumulación de materia orgánica y maleza en los bosques, son los ingredientes perfectos para la formación de los incendios forestales de sexta generación.
Cuando, por su velocidad, intensidad e imprevisibilidad, estos incendios exceden la capacidad de control de los servicios de extinción, no nos enfrentamos a un incendio como lo conocemos, sino que debemos hablar de los llamados megaincendios o incendios de sexta generación. Este fenómeno, que no es nuevo, pero cuya frecuencia podría aumentar por el abandono rural, la mala, escasa o a veces nula gestión de la biomasa sobrante de los bosques o el cambio climático, requiere de una atención urgente.
Categorías de clasificación de los incendios forestales:
- Primera generación: aquellos que, como resultado de tener un paisaje continuo, pueden propagarse ilimitadamente.
- Segunda generación: cuando el paisaje continuo se carga de vegetación, se incrementa la velocidad de propagación.
- Tercera generación: a la continuidad del paisaje, se suma la velocidad y la intensidad de las llamas.
- Cuarta generación: el foco se cambia de bosque a la interfaz urbano-forestal. Ya no solo está en riesgo el bosque, se dan emergencias civiles en caso de incendio.
- Quinta generación: se suma un nuevo factor, la simultaneidad, varios incendios continuos, veloces e intensos que se suceden a la vez.
- Sexta generación: son incendios extremos y poco predecibles que crean sus propias condiciones meteorológicas. Incendios fuera de la capacidad de extinción que queman bosques muy estresados por la sequía en atmósferas con mucho más calor.
Palacios de Jamuz
Ecologistas se han trasladado hasta Palacios de Jamuz, un pueblo tristemente famoso este verano tras ser arrasado por las llamas, para desplegar una pancarta de más de un kilómetro cuadrado con el lema “Cero prevención + crisis climática = destrucción”.
La acción se llevó a cabo en una de las zonas más castigadas por el incendio de Molezuelas de la Carballeda, el más grande de 2025, que comenzó en el municipio zamorano y se extendió a otros de León, como Palacios o Nogarejas.
Las ONG recuerdan con dolor que en este incendio ya histórico fallecieron dos voluntarios: Abel Ramos y Jaime Aparicio. Además, el pueblo de Palacios de Jamuz forma parte de la comarca del Bierzo, muy cerca de Las Médulas, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, que también ha sido afectada por el fuego.
Con esta imagen, los ecologistas reclaman la necesidad de que las zonas afectadas no caigan en el olvido y que 2025 marque un verdadero punto de inflexión en la puesta en marcha de políticas eficaces de prevención frente a incendios de alta intensidad.
Ecologistas reflexionan: estamos en una de las zonas más devastadas a todos los niveles: humano, ambiental y social. Desde aquí mostramos nuestro máximo respeto. Un mes después de la tragedia, queremos que las zonas afectadas no caigan en el olvido.
Habrá concentraciones en Zamora, una manifestación convocada en Galicia y muchas otras que ya han tenido lugar y vendrán. ONG animan a la población a movilizarse para pedir a las administraciones que esto no vuelva a ocurrir.
Los recientes incendios han arrasado casi 400.000 hectáreas y más de 160.000 hectáreas de espacios naturales protegidos; 8 personas han fallecido y más de 35.000 han sido evacuadas.
El fuego ha provocado la pérdida de patrimonio natural y cultural, afecciones a la fauna (incluidas especies emblemáticas como el oso pardo, el desmán ibérico, el urogallo, el lobo, etc.), además de cortes de carreteras y daños en vías ferroviarias e infraestructuras.
Incendios más virulentos con consecuencias más severas por el cambio climático
La ciencia insiste en que el cambio climático explica el agravamiento de los incendios forestales hacia episodios de máxima intensidad. El último informe del World Weather Attribution (WWA) concluye que las condiciones meteorológicas extremas –calor, sequía y viento– que alimentaron los incendios fueron 40 veces más probables por el efecto del cambio climático y hasta un 30 % más intensas.
A ello se suma la falta de actividades agro-forestales en amplios territorios debido al abandono del medio rural, lo que contribuye a generar paisajes más vulnerables a los incendios de alta intensidad. Esta situación dificulta la recuperación de los ecosistemas y permite que el uso del fuego se mantenga, muchas veces con alta intencionalidad en el origen de los incendios forestales.
En 2025 se ha sobrepasado la media de hectáreas afectadas en cada gran incendio forestal (según las estadísticas son 500 hectáreas). En los últimos años, la media ascendía a 1.500 hectáreas por cada incendio. Este año, la media ha llegado a 6.100 hectáreas. Es decir, cada gran incendio forestal está quemando cuatro veces más superficie de lo habitual. De los 10 fuegos más grandes de este siglo, 8 han tenido lugar en 2025.
Además, muchos de los incendios de este año han sido mucho más intensos y, por tanto, con impactos más grandes, como lo confirman los estudios de severidad del fuego. Este indicador describe el grado de impacto que un incendio tiene sobre la vegetación, el suelo y otros componentes del ecosistema, información clave para evaluar la regeneración natural y las medidas de intervención post-incendio.
Plan Nacional de Restauración de la Naturaleza
En este contexto, el Plan Nacional de Restauración de la Naturaleza –que debe presentarse en agosto de 2026– representa una oportunidad histórica para revertir la degradación de los ecosistemas forestales, en línea con los objetivos de la Unión Europea: recuperar el 20 % de los ecosistemas terrestres para 2030 y alcanzar la restauración total en 2050.
Es importante recordar que el 73 % de los hábitats de interés comunitario en España se encuentran en un estado de conservación desfavorable. La restauración de espacios degradados por el fuego es clave. En muchos casos, la naturaleza se abrirá paso de nuevo y se producirá una regeneración natural, pero en otros, especialmente aquellos que han sufrido incendios de mayor severidad, necesitarán ayuda. Su abandono puede conducir a masas forestales homogéneas, que son más vulnerables a plagas e incendios recurrentes.
No hay tiempo que perder. Las soluciones están sobre la mesa: es urgente apostar por la prevención, el fortalecimiento de la gestión del territorio y la adopción de políticas contundentes contra la crisis climática para evitar que se repita esta tragedia.
