Jose Oliva | Barcelona (EFE).- Los historiadores Ángel Miranda y Ramón Vega han publicado el ensayo ‘Héroes españoles en Asia’, donde aseguran que reivindicar la expansión del Imperio español en Asia es de «justicia histórica, no es sumar exotismo, sino cambiar el mapa mental» de la historia española.
Cuando se habla del imperio español, casi todo se reduce a Europa y América, señala Ramón Vega en una entrevista con EFE. Lamenta que «Asia queda relegada a un pie de página», siendo mencionada solo en los últimos de Filipinas o, en el mejor de los casos, en la expedición de Magallanes-Elcano.
Sin embargo, la presencia en Asia fue «el último eslabón de un proyecto realmente global. Fue el cierre de un sistema que articulaba la mayor ruta comercial del mundo bajo un mismo monarca». Durante siglos convivieron españoles, europeos, hispanoamericanos y asiáticos bajo un mismo marco legal en Manila, Macao, Malaca o las Molucas.
Imperio español en América y en Asia
La epopeya española en Asia ha ocupado un lugar muy secundario en la narrativa histórica española y occidental, a diferencia de la conquista de América. «América dejó una huella demográfica, lingüística y política incomparable, con decenas de países hispanohablantes que son un recordatorio constante». Mientras tanto, Asia fue una presencia fuerte pero circunscrita territorialmente, y el trauma de 1898 eclipsó tres siglos de historia.
Uno de los hitos destacados por Miranda y Vega es el Tornaviaje, obra de Andrés de Urdaneta, quien halló la ruta de regreso desde Filipinas a Nueva España aprovechando los vientos y corrientes del Pacífico Norte. «El impacto fue enorme, ya que permitió que el Galeón de Manila funcionara como una autopista regular entre Asia y América. Sin ese descubrimiento, la primera red comercial global habría sido inviable».
En los documentos oficiales aparecen el rey, la fe y el servicio a la Corona, pero en la realidad, las motivaciones eran mucho más humanas. «Muchos buscaban ascenso social o una segunda oportunidad porque no tenían herencia ni futuro en sus pueblos. Otros huían de deudas o problemas judiciales. Marineros, soldados y artesanos intentaban sobrevivir, aunque fuera jugándose la vida».
Plata americana y sedas chinas en Manila
Filipinas dependía del virreinato de Nueva España (el actual México). En Manila, confluían la plata americana, las sedas chinas, las porcelanas, las especias del sudeste asiático y mercancías de todo el mundo. «Sus calles reunían a españoles, criollos que amasaban grandes fortunas, indígenas filipinos, chinos del Parián, japoneses, tlaxcaltecas, mestizos de todas las categorías y religiosos de múltiples órdenes. Era un auténtico laboratorio social».
Para rescatar las voces de carpinteros, pilotos, grumetes, soldados, religiosos, agricultores y comerciantes anónimos, los dos historiadores tuvieron que ir más allá de las crónicas clásicas. Trabajaron con «expedientes de servicio, licencias de viaje, juicios, correspondencia privada, relaciones de naufragios, archivos eclesiásticos e informes comerciales».
En esa documentación aparecen sueldos, castigos, pequeños conflictos, accidentes, permisos, amistades, tensiones y decisiones cotidianas que rara vez llegan a los manuales.
A pesar de que se suele hablar de «colonias», este término es pertinente en un sentido administrativo, comenta Vega. «En realidad, Filipinas formaba parte del virreinato de Nueva España. Operaba bajo condiciones muy distintas a las colonias que más tarde establecerían los británicos».
Un aspecto interesante es que «varios trabajadores chinos que denunciaron haber sido tratados como esclavos viajaron hasta España. Llevaron su caso ante la justicia y ganaron. Esto demuestra que existían mecanismos legales y derechos que, aunque imperfectos, no eran comparables a otros modelos coloniales posteriores».
Primer referéndum vinculante en Filipinas en 1599
No es casual, añade, que en Filipinas se celebrara en 1599 lo que muchos consideran «el primer referéndum vinculante de la historia». En este, las comunidades locales decidieron integrarse bajo soberanía hispánica.
Como reflejan fuentes contrastadas, «muchos naturales preferían a los monarcas españoles precisamente porque estaban lejos. Además, si alguna autoridad abusaba, podían recurrir a las instancias locales o a las órdenes religiosas».
España aplicó una lógica distinta. En Filipinas se combinaron «evangelización, fundación de pueblos, estructuras municipales, redes de parentesco y un concepto de ciudadanía propio del mundo hispánico. Mientras tanto, Portugal optó por un modelo de fortalezas-comercio, y Holanda por una compañía casi corporativa y muy agresiva».
La huella que España dejó en Asia se puede seguir en topónimos, apellidos, instituciones, trazados urbanos, fortificaciones, devociones religiosas, fiestas populares, vocabulario y tradiciones culinarias. «También pervive una memoria selectiva, a veces conflictiva y, otras, nostálgica».
Por último, muchos países asiáticos necesitan hoy los archivos hispánicos para reconstruir su propia historia. Esto les ayuda a entender siglos de relaciones regionales. No es casual que, incluso bien entrado el siglo XX, se siguiera pagando en partes de Asia con moneda de plata española, que era considerada de mayor ley y fiabilidad.
