El alga, de la especie ‘Karenia Mikimotoi’, que daña las branquias de los peces y absorbe el oxígeno del agua, fue detectada por primera vez en marzo en el país austral y ya se extiende por una superficie de 4.400 kilómetros cuadrados.
Karenia Mikimotoi: el alga tóxica que asfixia la vida marina
Según la Fundación Great Southern Reef, este episodio representa “la mortalidad marina más extensa registrada en Australia del Sur” hasta la fecha, al haber afectado al menos a 500 especies.
El informe de la comisión parlamentaria sobre la floración tóxica de algas fue presentado tras la investigación iniciada por el Senado de manera independiente, con el fin de evaluar los impactos ambientales, económicos y sociales del desastre, y también mejorar la preparación gubernamental ante eventos ecológicos extremos.
El mismo también propone destinar amplios fondos a la restauración ambiental, programas de investigación y monitoreo continuados y señala que la comunidad “requiere y espera” que el Gobierno entregue asesoramiento claro, oportuno y respaldado por la ciencia sobre los efectos de la floración tóxica.
La senadora Sarah Hanson-Young, presidenta de la comisión y portavoz medioambiental del partido de los Verdes, señaló que “los habitantes de Australia Meridional están soportando uno de los peores eventos climáticos de la historia de nuestro país.”
El informe pide un nuevo marco nacional y redefinir “desastre”
Según dijo, esta situación supone “una alarma temprana frente a la crisis climática” y añadió que la investigación “ha dejado al descubierto lo poco preparados que estaban los gobiernos estatal y federal ante un desastre ecológico y económico de este tipo.”
La senadora añadió que es necesario establecer un “Fondo de Restauración del Medio Marino” de 500 millones de dólares australianos (295 millones de euros) para recuperar arrecifes, regenerar pastos marinos y ayudar a que los ecosistemas costeros sanen.
“Los habitantes de Australia Meridional están soportando uno de los peores eventos climáticos de la historia de nuestro país.”
La declaración oficial de “desastre climático” permite a Australia movilizar recursos federales de emergencia, reforzar el monitoreo oceanográfico y apoyar económicamente a la industria pesquera, que afronta pérdidas millonarias.
Mientras las autoridades recomiendan evitar playas afectadas y restringir la recolección de mariscos, los ecólogos advierten que el episodio podría convertirse en un precedente preocupante. Si las tendencias de calentamiento global continúan, las mareas tóxicas podrían volverse más frecuentes, duraderas y dañinas, comprometiendo la salud de los ecosistemas marinos y la seguridad alimentaria de miles de australianos.
