Ana Rodrigo | Madrid. En 2024, un creciente número de jóvenes ha comenzado a utilizar el Teléfono Dorado de Mensajeros de la Paz, un servicio diseñado para atender situaciones de soledad. Estas personas, menores de 35 años, buscan hablar «con alguien real» y piden ayuda tras experiencias como rupturas, cambios de ciudad o la pérdida de vínculos familiares.
Desde esta entidad, fundada por el padre Ángel, se señala que «muchos confiesan sentirse abrumados por la hiperconexión digital, pero sin nadie real con quien hablar». Este abordaje se realiza a partir del ‘Mapa Nacional de la Soledad no Deseada’, elaborado con los datos del teléfono 900 22 22 23, un servicio de escucha y acompañamiento emocional que cumple 30 años de existencia.

La fundación ha observado un aumento en las llamadas de jóvenes, aunque la soledad no deseada sigue afectando especialmente a las personas mayores. Este grupo sigue siendo el más numeroso entre quienes buscan apoyo emocional, siendo las mujeres las que representan el 55 % de estas llamadas.
En España, una de cada cinco personas se siente sola, lo que equivale al 20 % de la población. Esta soledad no deseada tiende a cronificarse cuando se prolonga durante dos o más años, afectando a 6,5 millones de personas, lo que representa el 13,5 % de la población, de acuerdo a datos del Observatorio SoledadES.
Voces amigas
Desde el Teléfono Dorado se destaca que «cada vez más jóvenes llaman buscando una voz amiga». En tres décadas de funcionamiento, este servicio ha recibido más de 7,2 millones de llamadas. Aunque los mayores de 65 años siguen siendo el grupo más numeroso, también es el más diverso. Los motivos de llamada son variados: desde quienes han perdido a sus parejas, hasta los que sienten que ya no cuentan para sus hijos, pasando por aquellos que simplemente desean hablar para combatir la soledad. Seis de cada diez de estos mayores viven solos, y el 30 % admite no recibir visitas en semanas.

La ‘Generación X’ (40-65 años) también experimenta una soledad silenciosa, muchas veces vinculada a la separación, la inestabilidad laboral o el cuidado de padres mayores, lo que les deja sin tiempo para la vida social.
El 55 % de quienes requieren apoyo emocional son mujeres. Muchas de ellas son viudas o separadas y atraviesan un proceso de mayor esperanza de vida junto a una carga histórica de cuidados, lo que, en la vejez, se traduce en una ausencia de redes propias.
El mapa de la soledad
La soledad no deseada varía según la estructura demográfica, el entorno urbano o la despoblación rural. La falta de lugares de encuentro, actividades sociales y redes comunitarias provoca una sensación de invisibilidad. Madrid, Andalucía y el País Vasco son las comunidades con más demanda de ayuda.
En Madrid, que representa el 21,5 % de las llamadas, la vida acelerada, la movilidad constante y el anonimato urbano generan una soledad especialmente pronunciada entre los mayores que viven solos y los jóvenes recién llegados.

En Andalucía, que acumula el 19,7 % de las llamadas, se combinan áreas rurales envejecidas y entornos urbanos donde muchos carecen de una red familiar cercana. Por su parte, el País Vasco, con una de las esperanzas de vida más altas de Europa (10,4 % de las llamadas), presenta una soledad asociada a la longevidad y a la pérdida de redes comunitarias tradicionales.
Las comunidades de la Comunidad Valenciana (10 %), Galicia (3 %) y Castilla y León (4,8 %) destacan una presencia predominante de soledad, especialmente en zonas rurales con escasos servicios y jóvenes que a menudo dejan un vacío social. Cataluña (4,8 %) y Murcia (2,5 %) también sirven de ejemplo donde el ritmo acelerado y el individualismo dificultan la creación de vínculos estables. Mientras que en Asturias (2 %) y Canarias (4,7 %), el aislamiento físico intensifica el alejamiento emocional.
Otros condicionantes
La mayoría de las personas que buscan acompañamiento viven solos (64 %), y solo un 2 % comparte el hogar con sus hijos. La notable ausencia diaria de compañía es, en muchos casos, el detonante del malestar emocional, según argumentan expertos en la materia.
La soledad no se ve influenciada por el nivel económico; sin embargo, la falta de recursos dificulta aún más el acceso a actividades, espacios comunitarios o redes de apoyo. Un 51 % de quienes llaman se identifica como clase media, mientras que un 27 % se considera de clase baja.
En términos de educación, la situación abarca todos los niveles: el 45 % tiene estudios secundarios, el 39 % formación primaria y un 7 % estudios superiores.
En relación al estado físico y emocional, cuatro de cada diez personas mencionan padecimientos físicos persistentes; un 23 % reconoce síntomas de depresión y un 11 % presenta ansiedad o angustia. Este análisis apunta a la estrecha relación entre la salud y la soledad: una alimenta y agrava a la otra.
La mayoría de las personas reclaman actividades, talleres, centros de día y espacios de encuentro que faciliten la creación de vínculos reales.
