Cuando llegan las primeras mañanas frías y el jardín se queda en silencio, muchas personas se preguntan qué ha pasado con todas esas abejas y avispas que zumbaban alrededor de las flores en verano. ¿Desaparecen sin más con las heladas? ¿Mueren todas? La respuesta es más matizada y, en algunos casos, preocupante para la biodiversidad y nuestra convivencia con estos insectos.
La mayoría de las especies tienen estrategias muy afinadas para sobrevivir al invierno. Otras, sin embargo, están comenzando a aprovechar los inviernos suaves para mantener colonias gigantes que consumen millones de presas y se convierten en una verdadera plaga.
Cómo pasan el invierno las abejas
En las abejas sociales, como la abeja de la miel, la colonia no se desmantela con la llegada del frío. Las obreras forman una especie de «bola» viva alrededor de la reina y generan calor contrayendo los músculos de las alas. Van rotando desde el exterior hacia el centro para que ninguna pase demasiado tiempo expuesta a las bajas temperaturas. Así pueden aguantar meses con frío, siempre que tengan reservas suficientes de miel.
En el caso de los abejorros, la historia cambia. A finales de otoño, toda la colonia muere, salvo las nuevas reinas fecundadas. Estas buscan refugio en la hojarasca, grietas, pequeños agujeros en el suelo o bajo piedras. Allí pasan el invierno enterradas y salen en primavera para fundar un nido desde cero, como quien vuelve a levantar la casa cada año.
Las abejas solitarias siguen otro patrón. No viven en colmenas ni tienen reina que coordine el grupo. Algunas especies pasan el invierno como adultas escondidas en cavidades; otras lo hacen como larvas o pupas dentro de tubos, tallos huecos o galerías en la madera. Por ejemplo, la abeja carpintera deja sus huevos en túneles que excava en la madera, las crías se desarrollan a finales de verano y los adultos pasan el invierno dentro de esas mismas galerías.
“Cómo pasan el invierno depende de la especie y de su estructura social”, explica el entomólogo Chris Hayes, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte. Es decir, no existe una única estrategia para todas las abejas.
Avispas en invierno entre áticos, troncos y nidos ocultos
Las avispas sociales, como las chaquetas amarillas o las avispas de papel, siguen un patrón similar al de los abejorros. El enorme nido que nos molestaba en la terraza durante las barbacoas de agosto suele morir con las primeras heladas. Las únicas supervivientes son las reinas fecundadas, que se esconden bajo la corteza de los árboles, en troncos huecos, entre piedras o en estructuras humanas.
A veces esa “cueva de invierno” es nuestro propio tejado. El entomólogo Eric Benson, de la Universidad de Clemson, ha encontrado grupos de diez o doce reinas de avispa de papel hibernando en el mismo rincón de un ático. Cuando llega un día templado en pleno enero, algunas se despiertan, se desorientan y pueden aparecer dentro de casa. Si esto ocurre de forma repetida, conviene revisar por dónde están entrando.
Las avispas solitarias pasan el invierno como juveniles enterradas en el suelo, en tallos secos o en cavidades. No suelen ser agresivas y muchas se alimentan de orugas y otras plagas del huerto. En un jardín sano, hacen más bien que mal.
Cuando el invierno ya no mata al nido: colonias perennes gigantes
Hasta aquí, el ciclo “normal”. Pero en las últimas décadas, los científicos han observado algo diferente en el sureste de Estados Unidos. Algunas colonias de la avispa chaqueta amarilla sureña, Vespula squamosa, dejan de ser anuales y se vuelven perennes. Es decir, el nido no muere en invierno y sigue creciendo año tras año.
En la práctica, esto significa nidos descomunales. Benson ha documentado colonias de alrededor de 250.000 individuos y más de cien reinas. Otros trabajos citados por investigadores describen nidos con cerca de 475.000 celdas y un consumo estimado de hasta 5.000.000 de presas de artrópodos durante la vida de la colonia. Todo eso en un solo nido.
Un estudio publicado en 2022 en la revista Ecology and Evolution analizó genéticamente ocho colonias perennes de Vespula squamosa en Alabama. El equipo comprobó que, a diferencia de las colonias normales, que son dirigidas por una sola reina, estas supercolonias estaban encabezadas por muchas reinas, en torno a una veintena por nido. Además, casi todos los individuos compartían la misma “línea materna”, lo que sugiere que las nuevas reinas se quedan en su nido natal en lugar de fundar colonias nuevas.
El resultado es una sociedad enorme, muy diversa genéticamente y con una capacidad de depredación mucho mayor sobre otros insectos. Los propios autores advierten que estas colonias gigantes se dan en zonas de inviernos suaves y abundante alimento, y que el calentamiento global puede favorecer su expansión. Más días templados en invierno significan menos nidos que mueren y más posibilidades de que se conviertan en perennes.
Cómo ayudar a las abejas y manejar las avispas
La buena noticia es que, en la mayoría de los jardines, abejas y avispas siguen siendo grandes aliadas. Para ayudar a las especies que hibernan en el suelo o en la hojarasca, los expertos recomiendan dejar una parte del jardín “sin limpiar” hasta bien entrada la primavera. Las hojas secas y los restos vegetales actúan como manta aislante para abejas solitarias, abejorros y muchas avispas cazadoras de plagas.
También es útil retrasar la limpieza a fondo del jardín unas semanas y consultar a los servicios de extensión agraria o a entidades locales para saber cuándo suelen emerger estas especies en cada región. Así evitamos destruir sus refugios justo antes de que salgan.
Si, en cambio, sospechas que cerca de casa hay un nido muy grande de chaquetas amarillas que sigue activo en invierno o vuelve a crecer en primavera, la recomendación es clara. No conviene intentar eliminarlo por cuenta propia. Colonias con decenas o cientos de miles de individuos requieren la intervención de personal especializado y equipos de protección adecuados.
En un mundo que se calienta, el silencio del jardín en invierno ya no garantiza que todo haya desaparecido. Abejas y avispas están ajustando sus ciclos y, en algunos casos, aprovechando el nuevo clima mejor que nosotros. Entender qué hacen cuando bajan las temperaturas es el primer paso para proteger a los polinizadores, controlar a las supercolonias problemáticas y convivir con estos insectos de forma más inteligente.
El estudio oficial ha sido publicado en la revista “Ecology and Evolution”.
