Un equipo científico ha realizado un análisis detallado de múltiples estaciones de muestreo para estudiar la distribución de especies marinas y su relación con variables ambientales, topográficas y oceanográficas. A lo largo de su travesía, se enfocaron en el impacto humano en los ecosistemas y en la biodiversidad bentónica, que incluye invertebrados y peces, así como la reproducción de la fauna en niveles profundos y el estudio del ADN ambiental.
Según el investigador del CONICET y jefe científico de la expedición, Daniel Lauretta, el propósito de esta expedición fue examinar cuidadosamente las interacciones entre las especies y su entorno. «El impacto humano» fue uno de los temas centrales del análisis, especialmente en lo que respecta a la dinámica de sedimentos que se están convirtiendo en un área preocupante.
Tecnología sorprendente
En cuanto a la tecnología empleada, Lauretta destaca que «apenas estamos empezando y ya vemos cosas increíbles: animales que nunca se habían registrado en esta zona, paisajes submarinos que parecen de otro planeta, y comportamientos que sorprenden hasta a los científicos más experimentados». Esta tecnología se basa en el uso del ROV SuBastian, un vehículo operado a distancia que permite la exploración de las profundidades marinas.
Este aparato «es todo un lujo», añade Lauretta, ya que permite observar en directo lo que ocurre a casi 4.000 metros de profundidad, con un mínimo impacto sobre los organismos. «Es como si tuviéramos un submarino con ojos súper sensibles que baja por nosotros y nos muestra todo con lujo de detalles», enfatiza.
No obstante, sumergirse a casi 4.000 metros de profundidad conlleva una serie de retos, tanto técnicos como de comprensión. «Allí abajo la presión es altísima, hace mucho frío y no hay luz», destaca el líder de la expedición. Además, el equipo enfrentó problemas para grabar, tomar muestras e incluso entender lo que veían. En ocasiones, se encontraron con organismos que nadie había visto anteriormente, o interacciones que no sabían cómo explicar, resalta Lauretta.
«Fue como explorar otro planeta, pero debajo del agua. Y lo más emocionante es que, en cada inmersión, había algo nuevo por descubrir», concluye Lauretta, reflejando la grandiosidad y los misterios del océano. ECOticias.com
