Varias organizaciones ecologistas han lanzado la campaña conjunta que se titula: ‘¿Alargar las nucleares? No, gracias’. Lo hacen para denunciar la presión que están ejerciendo la industria y las eléctricas y para exigir que se cumpla con el calendario de cierre nuclear en España, empezando por la central de Almaraz.
En un acto celebrado recientemente en Badajoz, las organizaciones presentaron un manifiesto conjunto en el que argumentan que el modelo de las nucleares es ‘caro, sucio, peligroso y muy dependiente’.
Las organizaciones sostienen que la vida útil de los reactores nucleares no se puede alargar más allá de los 40 años que ya están previstos. Hacer lo contrario, en medio de una campaña electoral, como la que se está llevando a cabo en Extremadura, es una decisión que puede traer graves consecuencias.
Nucleares en el centro del debate por el intento de alargar su vida
Adenex, Ecologistas en Acción de Extremadura y Greenpeace han presentado esta mañana la campaña conjunta ‘¿Alargar las nucleares? No, gracias’, a través de la cual denuncian la presión de la industria para prolongar la vida de los reactores más allá de los 40 años previstos y exigen que se cumpla el calendario de cierre nuclear a través de un manifiesto conjunto.
El acto ha tenido lugar en Badajoz, en el Círculo Pacense, a pocos días de que se inicie la campaña electoral que llevará a la ciudadanía extremeña a las urnas el próximo 21 de diciembre.
En este contexto, el debate para postergar el cierre de la central nuclear parece haberse convertido en un reclamo electoral, del cual se están excluyendo las consecuencias de prolongar este modelo energético sucio, caro, peligroso y dependiente de combustibles de terceros países.
La energía nuclear es considerada sucia porque genera residuos que aun no se saben gestionar de forma definitiva y que permanecerán activos durante miles de años, con un coste ambiental incalculable. Además, es cara porque los costes estimados de la energía nuclear son mayores que los de las energías solar, fotovoltaica y eólica.
Residuos radiactivos y seguridad a largo plazo generan preocupación
Es peligrosa porque incrementa el riesgo de accidente en una instalación como Almaraz, claramente envejecida. Asimismo, es dependiente porque requiere la importación de combustible nuclear que nos hace depender de terceros países, afectando a nuestra soberanía energética, al igual que ocurre con el petróleo y el gas.
Por otro lado, las organizaciones ecologistas advierten que alargar la vida de Almaraz bloquearía el desarrollo de un sistema basado en energías limpias, locales y seguras, puesto que esta central ocupa un alto porcentaje del mix energético que podría estar producido con energía renovable.
Postergar su cierre lanzaría, por tanto, un mensaje contradictorio con la transición energética, además de ser un incumplimiento de los compromisos recogidos en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC).
Cerrar Almaraz es una oportunidad para invertir en el desarrollo real de comunidades energéticas locales que permitan a los municipios y cooperativas generar, almacenar y gestionar su propia energía, acabando con el oligopolio energético.
También es una oportunidad para dar apoyo a sectores estratégicos del territorio, como la agricultura ecológica y su transformación o para el turismo de naturaleza. Su cierre requeriría garantizar la formación profesional y reconversión laboral para las personas trabajadoras de la CNA y sectores asociados en empleos que actualmente faltan en la zona.
En el mismo acto se anunció el lanzamiento de una campaña de adhesiones dirigida a organizaciones sociales, ambientales, sindicales y vecinales de todo el territorio, con el objetivo de sumar apoyos y hacer frente común ante los intentos de la industria de prolongar el ciclo nuclear.
Proponen una transición justa y nuevas alternativas para la región
Finalmente, las organizaciones han expuesto sus demandas, que pasan, por un lado, por la exigencia del cierre definitivo y en plazo de la Central Nuclear de Almaraz en 2027 y 2028, tal como recoge el PNIEC. En segundo lugar, piden que se realice una investigación que garantice que los residuos acumulados sean almacenados de manera segura para evitar la contaminación a largo plazo para las generaciones futuras.
En tercer lugar, exigen un Plan de Transición Justa para Campo Arañuelo, con participación local y financiación pública, que garantice alternativas económicas sostenibles. Por último, piden la restauración ecológica total del emplazamiento nuclear una vez concluido el desmantelamiento y el periodo de vigilancia.
Las eléctricas han tenido décadas de beneficios y las centrales nucleares siempre han traído consigo incidentes y accidentes, como el de Palomares, el de la Ciudad Universitaria de Madrid o el accidente en Vandellós. No pueden ahora exigir rebajas fiscales, como ha ocurrido con la ecotasa en Extremadura, ni transferir a la sociedad los costes y riesgos de sus decisiones.
Los tiempos han cambiado: es el momento de cerrar de forma ordenada y segura, y no de seguir aplazando decisiones que afectan directamente a la seguridad de las personas y al futuro del territorio”, declaró Luis Berraquero, coordinador territorial de Greenpeace en Extremadura.
Las organizaciones han expuesto sus argumentos contra las nucleares, enfatizando que generan residuos radiactivos con una permanencia incalculable y con riesgos de contaminación ambiental enormes e inconmensurables.
Además, los costes de las energías nucleares son mucho mayores que los de las renovables, y alertan sobre lo peligroso que podría resultar prolongar la operación de unas instalaciones como las de Almaraz, cuyas condiciones de envejecimiento incrementan significativamente el riesgo de padecer accidentes.
