La cineasta María Bestar, directora de ‘No estás loca. La verdad sobre la violencia vicaria’, ha centrado su trabajo en un tema de alta relevancia social y emocional. En este documental, se exploran las devastadoras consecuencias de la violencia vicaria, un fenómeno que afecta a muchas madres cuya vida se ve truncada por los actos de sus ex parejas.
Desde Madrid, Ruth Ortiz, madre de dos niños asesinados por su padre, esclarece que existen dos tipos de violencia vicaria: una en la que los maltratadores causan un daño inmediato y otra que se perpetúa en el tiempo, a través del sufrimiento de la madre mediante la manipulación de los hijos. ‘No estás loca’ es un trabajo que busca arrojar luz sobre esta cruda realidad.
Dos tipos de violencia vicaria
María Bestar ha señalado en numerosas ocasiones que el título ‘No estás loca. La verdad sobre la violencia vicaria’ tiene un propósito educativo. «Muchísima gente no lo sabe, o cree que se limita al asesinato de los niños, que es solo la punta del iceberg», explica Bestar. La violencia vicaria puede ser intencionada y rápida o, en cambio, puede ser gradual, prolongándose durante años y constituyendo una auténtica tortura.
El documental incluye voces de varias mujeres, entre ellas Ruth Ortiz, madre de Ruth y José; Itziar Prats, madre de Martina y Nerea; y Laura Hernández, madre de Cristian. También se recogen testimonios de víctimas que, a pesar de haber denunciado el maltrato, perdieron la custodia de sus hijos, así como relatos de los propios hijos e hijas que sufrieron este tipo de violencia.

En el documental aparecen nombres conocidos, como los de Juana Rivas e Irune Costumero, junto a muchas otras mujeres anónimas. A pesar de haber solicitado ayuda, muchas de ellas se encontraron con que la justicia les dio la espalda.
Una de las víctimas manifiesta en el documental: «Si me quieren quitar los ojos, que me los quiten, pero que dejen a mis hijos lejos de ese señor». Otras voces recuerdan los intentos por proteger a sus madres y lo que significa vivir con miedo constante.
Ver cómo los hijos desaparecen de la vida de una madre
La frase «En esa piel no se quiere ver nadie» resuena a lo largo del documental. Se expone la realidad del silencio cómplice en torno a la violencia vicaria, y cómo, frecuentemente, las instituciones responsables de la protección, eligen privilegiar el vínculo con el padre, ignorando el interés superior del menor.
Bestar denuncia: “Esta violencia existe porque la alimenta un sistema. La violencia vicaria se perpetúa gracias a la violencia institucional». A menudo, cuando una madre denuncia amenazas de no volver a ver a sus hijos, no solo se encuentra con la incredulidad, sino que también puede enfrentar una acusación de un síndrome de alienación parental que no existe, lo que resulta en la pérdida de la custodia.
El documental también incluye a reconocidos actores declamando en favor de los derechos de la infancia, todos varones, puesto que, como explica Bestar, este no es un conflicto de hombres contra mujeres, sino de todos contra la violencia.

Luis Tosar, Eduard Fernández, Maxi Iglesias, Hovik Keuchkerian y Jordi Planas son algunos de los nombres que forman parte de este trabajo. A partir de más de 200 horas de grabación, las madres relatan cómo se comportan los maltratadores y cuáles son los patrones de la violencia vicaria, respaldadas por la voz de juristas, periodistas y activistas.
Bestar concluye señalando que, a pesar del dolor, la tristeza y la impotencia, hay destellos de esperanza. «Este documental les ha dado un poco de luz, la sensación de que al menos van a ser escuchadas», señala la directora, quien al final del trabajo comparte su propia experiencia como víctima de violencia vicaria. «Yo ya no me quiero esconder más y la vergüenza tiene que cambiar de bando. Si ellas han sido valientes para contarlo, ¿cómo no voy a serlo yo?», concluye.
