En la imagen, un mata de lenteja majorera fotografiada en Casillas de Morales, en el municipio de Antigua (Fuerteventura). EFE/Fayna Brenes Quevedo. Las crónicas de la Conquista ni siquiera las mencionan, pero los pueblos originarios de Canarias llevaban quince siglos sembrando lentejas, con una fidelidad admirable a las variedades que sus ancestros trajeron desde África, logrando que estas semillas hayan sobrevivido hasta el siglo XX.
La revista ‘Journal Archeological Science’ publica este mes las conclusiones de un estudio que ha secuenciado el genoma de lentejas de más de mil años de antigüedad, un logro sin precedentes. Se trata de semillas cuyo ADN ha resistido el paso del tiempo gracias a la asombrosa capacidad de conservación de los graneros prehispánicos excavados en las montañas del interior de Gran Canaria.
El estudio genético de estas legumbres respalda una de las teorías más aceptadas sobre el pasado aborigen de Canarias: el aislamiento casi absoluto que experimentaron sus primeros pobladores desde que sus ancestros amazigh (bereberes) llegaron del norte de África, en torno al siglo I d.C., hasta que los navegantes europeos redescubrieron las islas en los siglos XIV y XV.
Como ya se había observado con la cebada, otro alimento básico en la dieta de la Canarias aborigen, en el registro de lentejas recuperadas de los yacimientos arqueológicos de Gran Canaria no se aprecia ningún cruce con variedades externas. Esta continuidad abarca desde el siglo VII hasta casi el XX. Además, las lentejas de 1.300 años de antigüedad son genéticamente muy similares a las que se cultivan hoy en las islas, lo que solo puede explicarse por el cultivo ininterrumpido de lentejas indígenas en Canarias, resaltan los autores del trabajo, liderado por Jenny Hagenblad, Jacob Morales, Rosa Fregel y Jonathan Santana.
Un tesoro preservado de abuelas a nietas
Esto demuestra que las lentejas que se cultivan actualmente en Canarias descienden casi exclusivamente y de forma directa de las que trajeron consigo los primeros colonizadores al archipiélago casi dos milenios antes. Los autores del estudio también señalan que no solo se han encontrado lentejas en yacimientos prehispánicos de Gran Canaria, sino también en Fuerteventura (siglos V a VIII) y La Palma (siglos III-XIII). Entonces, surge la pregunta: ¿por qué las primeras fuentes históricas europeas no mencionan las lentejas al describir la alimentación de los antiguos canarios?
Su respuesta es que, tal vez, en tiempos de la Conquista, las lentejas habían dejado de ser un cultivo principal, como lo eran el trigo duro, la cebada o las habas, y que las familias continuaban cosechándolas para su propio consumo, en un ámbito doméstico. Este detalle resultó crucial para su supervivencia, añaden, ya que la población aborigen fue diezmada por los enfrentamientos con las tropas castellanas, las nuevas enfermedades que trajeron los conquistadores y la esclavitud, sobre todo en el caso de los hombres.
Hoy en día, un buen número de canarios tiene genes aborígenes transmitidos por herencia materna, debido a los numerosos matrimonios entre hombres europeos y mujeres canarias tras la Conquista. Aseguran los investigadores que fueron estas mujeres probablemente las que continuaron sembrando las mismas legumbres de sus abuelas, no solo porque se adaptaban mejor al terreno, sino porque eran «las suyas».
Los autores subrayan que, en entrevistas etnográficas, las mujeres canarias actuales han demostrado poseer mayores conocimientos sobre los cultivos utilizados para la alimentación familiar que los hombres. Este fenómeno no es único, y hay estudios que destacan el papel crucial de la mujer en la conservación de la biodiversidad local en diversas partes del mundo.
La popular lenteja ‘tipo Lanzarote’
Con el establecimiento de cultivos de mayor rendimiento económico, como la caña de azúcar en Tenerife y Gran Canaria desde el siglo XV, las lentejas fueron relegadas a otras islas, que posteriormente abastecieron de ellas a toda Canarias y a la península ibérica. Incluso Lanzarote, una isla que puede parecer árida, fue un gran productor de lentejas hasta mediados del siglo XX.
El estudio guarda una última sorpresa: en contra de las expectativas de los autores, las lentejas aborígenes de Canarias no se parecen tanto a las lentejas modernas del norte de África, sino a las españolas. Esto plantea la pregunta de por qué no habían llegado con la población bereber hace 2.000 años. La respuesta radica en que las lentejas ‘modernas’ de gran parte de España son las que se asemejan a las antiguas lentejas canarias.
La presencia de lentejas ‘tipo Lanzarote’ en casi todos los supermercados de la península ibérica, aunque su cultivo ya es irrelevante en la isla, muestra claramente lo apreciadas y populares que fueron, durante mucho tiempo, las lentejas de Canarias ‘de toda la vida’. EFE
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