La moda vuelve a mirar hacia los años ochenta de siglo XX con una de sus siluetas más reconocibles: el fuseau. Este pantalón ceñido con estribo, ligado durante décadas al imaginario deportivo y a una estética tan discutida como reconocible, reaparece ahora en pasarelas, editoriales y propuestas de calle.
Estos pantalones extremadamente ajustados y con un estribo en la parte inferior, destinado a sujetarlos al pie, nacieron en los años 20 del siglo pasado como vestuario para los jinetes por motivos funcionales. En la década de los setenta, se despojaron de su estética deportiva para convertirse en los pantalones de moda entre figuras icónicas como Cher, Jane Fonda o Lady Di.
Cambio de silueta
El estilista y experto en moda Arturo Argüelles, responsable de los estilismos de celebridades como Lola Índigo, Edurne o Cristina Pedroche, sitúa este regreso dentro de un proceso más amplio. “Creo que la vuelta del fuseau se debe a que estamos, poco a poco, cambiando de silueta”, afirma Argüelles.
La reaparición de esta prenda coincide con un desplazamiento progresivo del dominio de las prendas amplias y las estructuras relajadas que marcaron los últimos años. “Vamos a pasar del ‘oversize’ y los volúmenes muy grandes que estamos viendo últimamente hacia compensar con siluetas ajustadas de nuevo”, añade el estilista.
El fuseau no es una prenda nueva. Su origen se remonta a mediados del siglo XX, cuando los avances en tejidos elásticos permitieron desarrollar pantalones ajustados pensados inicialmente para actividades como montar a caballo, el esquí o la danza.

El diseñador Emilio Pucci, en los años cincuenta, trasladó esa prenda funcional al terreno de la moda, dotándola de color, sofisticación y una silueta que se alejaba del pantalón clásico. A partir de ese momento, comenzó un recorrido intermitente por el vestir femenino.
En los años sesenta, el fuseau convivió con otras prendas ceñidas asociadas a una feminidad moderna y activa, mientras que en los setenta quedó parcialmente eclipsado por pantalones de campana y líneas más fluidas.
Consagración definitiva en los ochenta
Su consagración definitiva llegó en los ochenta, cuando la moda abrazó sin complejos el cuerpo, la elasticidad y una imagen poderosa y deportiva. Esa década convirtió al fuseau en símbolo de una estética marcada por la disciplina física, el culto al cuerpo y una nueva visibilidad femenina.
No es casual que Argüelles mencione referentes concretos. “Nos recuerda a divas como Jane Fonda, Cher…” Estas figuras encarnaron un ideal de fuerza, exposición mediática y protagonismo femenino que hoy vuelve a resonar.
En los ochenta, el fuseau se llevaba con tacones, chaquetas de hombros marcados, y una actitud que mezclaba sensualidad y control. Esa misma lógica es la que ahora se recupera, aunque reinterpretada con códigos contemporáneos.
La clave, por tanto, no está en reproducir el pasado de forma literal, sino en dialogar con él. El fuseau actual aparece en versiones depuradas, en colores neutros y con tejidos técnicos que mejoran su caída y su comodidad.
Este regreso, sin embargo, no está exento de matices. Argüelles advierte que no se trata de una prenda universal. “Yo creo que no es para todo el mundo, creo que potencia piernas muy tonificadas porque marca mucho, y es algo que hay que tener en cuenta”, aclara sobre una propuesta destinada a los más arriesgados.
En el contexto actual, la vuelta del fuseau también dialoga con la nostalgia, un motor recurrente en la industria de la moda. La revisión de los años ochenta no es nueva, pero ahora se produce desde una mirada más consciente y menos caricaturesca.
Las pasarelas han anticipado este movimiento, y el entorno urbano empieza a asimilarlo con cautela. Firmas como Prada o Jacquemus han introducido esta tendencia en sus desfiles, y modelos como Kendall Jenner y Gigi Hadid, así como prescriptoras de moda como Mafalda Patricio, lo utilizan en su día a día.
