MADRID, 27 Oct. (EUROPA PRESS) – El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza ha inaugurado una exposición en la que dialogan las obras de los artistas Pablo Picasso y el alemán Paul Klee. Ambos compartieron una afinidad por el surrealismo, a pesar de haber nacido antes de su estallido, así como una amistad y conexión que también se mantiene con el marchante y coleccionista de arte Heinz Berggruen, cuyo museo participa en la muestra.
Desde este martes y hasta el próximo 1 de febrero de 2026, la exposición muestra el doble encuentro entre estos dos artistas, a quienes Berggruen consideró como los grandes creadores de la primera mitad del siglo XX. Esta información fue destacada por el director artístico del museo, Guillermo Solana, durante la presentación.
Una selección singular
«Gracias a la selección de obras y a la disposición, se ha conseguido traer mucho a Picasso al terreno de Klee (…) Fueron dibujantes apasionados, vocacionales del dibujo lineal los dos. Klee asumió el cubismo que había inventado Picasso, recibiendo la herencia del cubismo, y ambos compartieron una afinidad por el surrealismo». Estas palabras fueron expresadas por Solana durante la presentación de la exposición.
Diálogo entre coleccionistas
No solo se establece un diálogo entre ambos artistas, sino también entre los dos coleccionistas fundadores del Thyssen y del Museum Berggruen: Heinz Berggruen y el barón Hans Heinrich von Thyssen-Bornemisza. La muestra compone un total de 60 obras de Klee y Picasso, y las pocas que pertenecen al museo madrileño formaron parte de la colección personal del marchante alemán en algún momento.
En este sentido, Klaus Biesenbach, el director de la Neue Nationalgalerie y del Museo Berggruen, que han prestado los óleos para el proyecto, ha destacado la «amistad» como un elemento fundamental en la historia del arte, particularmente en el contexto de esta exposición.
La historia de un exilio
Para Berggruen, cuya vida fue una historia de «exilio», como explicó su hijo Oliver Berggruen, Picasso y Klee eran una «gran sinfonía» y «música de cámara», respectivamente. Aunque no coleccionaba a muchos artistas, lo hacía en profundidad con algunos pocos, siendo el malagueño y el alemán dos de esos casos. «Desempeñó un papel importante en el mundo cultural alemán, conectando con intelectuales que más tarde interactuaron en la creación del museo», apuntó su hijo.
Ambas pinacotecas, que comenzaron como iniciativas privadas, ahora son instituciones públicas tras la adquisición de las colecciones por parte de los respectivos gobiernos. Así, extienden su relación y «fuerte vínculo» varias generaciones después de que los coleccionistas se conociesen en Nueva York.
Estructura de la exposición
Los comisarios de la muestra, Paloma Alarcón y Gabriel Montua, explicaron que ‘Picasso y Klee en la colección de Heinz Berggruen’ se ha dividido en varios capítulos según las similitudes en las obras de ambos artistas. El primero se centra en el retrato y la máscara, destacando dos retratos de Dora Maar; el segundo, en los lugares, ya que el paisaje fue un tema fundamental en las obras iniciales de ambos; el tercero, en las «cosas», es decir, naturalezas muertas con significados simbólicos; y, finalmente, en los arlequines y desnudos.
Picasso sintió una intensa fascinación por el cuerpo, pintando hombres y mujeres en diversas formas, obras que se exhiben en la última sala de la muestra. Klee, por su parte, se inspiró en el circo, representándolo en numerosas ocasiones, pero concibiendo el cuerpo como una extensión de la arquitectura en la que se encontraba.
