El éxito del programa de conservación del lince ibérico es indudable: de tener censados menos de 100 linces ibéricos antes de 2002, se ha pasado a tener más de 2.400 en 2024, de los cuales más de 500 son hembras, un aspecto crucial para garantizar la reproducción y supervivencia de la especie.
El objetivo ahora, ha señalado Javier Salcedo, es llegar a 1.100 hembras para garantizar que el estado de conservación es «favorable» y así salir de las categorías de riesgo definidas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Actualmente, la especie se clasifica como «vulnerable».
“Se partía de un escenario de pre-extinción; se habría extinguido de no haberse hecho nada, y ahora el objetivo es llegar a un estado de conservación favorable”, recordó Salcedo.
Atropellos y persecución: las causas que explican la mitad de las muertes
El técnico indicó que el próximo proyecto LIFE debería llamarse «LIFE Resiliencia», que se enfocaría en una resiliencia frente al cambio climático, a la atropia y a la diversidad genética.
Unos de los grandes desafíos en la conservación del lince ibérico es su escasa diversidad genética, un problema que se discute poco, pero que representa una “amenaza silenciosa”. Una de las acciones que desarrolla el proyecto aborda esta problemática, y actualmente el 85 % de la diversidad genética en la especie proviene de un número reducido de linces. Además, un mayor movimiento entre distintas poblaciones favorecería esa diversidad.
También es un desafío considerable que el 60 % de los ejemplares censados viva en entornos antropizados.
“Tenemos que analizarlo; no sabemos exactamente por qué, pero sí debemos parar, pensar y buscar las causas que están generando esta situación”, admitió Salcedo, quien añadió que es normal que, al crecer la población del lince ibérico, no toda ella esté bajo protección, pero no en este nivel de proporción.
Salcedo aventuró que una de las posibles causas del problema es el abandono del entorno rural, que ha dejado de realizar prácticas tradicionales en las últimas décadas, desde tiempos romanos, lo cual tiene efectos “importantes” en los hábitats y en las especies que los habitan.
En cualquier caso, el coordinador de LIFE subrayó que esto conlleva mayores riesgos, aunque podría haber cierta compensación debido a una mayor productividad de la especie al contar con más conejos para su alimentación, «pero no es una situación deseable».
Y es que el 6,5 % de los linces ibéricos murieron en el último año por atropello, mientras que un 4,9 % lo hicieron por persecución. Si se considera el total de muertes, se estima que alrededor de la mitad fallecieron por estas dos causas.
Salcedo detalló que el hábitat del lince ibérico ocupa entre un 4 y un 5 % del territorio total de Andalucía, en un espacio donde se encuentran también el 10 % de las carreteras de la región.
Coordinación y resiliencia: la hoja de ruta para asegurar su futuro
En esta primera jornada también han participado la consejera de Sostenibilidad Ambiental de la Junta de Andalucía, Catalina García, y su homólogo de la Región de Murcia, Juan María Vázquez, quienes han destacado el valor que ha tenido la coordinación entre administraciones para lograr este «caso de éxito» en la conservación del lince ibérico.
Ambos han coincidido en la necesidad de garantizar estos esfuerzos a futuro, porque solo así, insistieron, se pueden lograr más avances.
García también enfatizó el esfuerzo a favor del lince ibérico que, más allá de los técnicos y científicos, también ha contado con el apoyo de agricultores, cazadores, empresarios, dueños de grandes fincas y universidades, entre otros.
Si bien reivindicó el «liderazgo de Andalucía» en este proceso, también apuntó que no habría sido posible sin esta labor coordinada y el compromiso de los agentes locales y sociales.
La población de linces ibéricos ha pasado de menos de 100 individuos en 2002, cuando comenzó el programa de recuperación, a más de 2.400, según el último censo de 2024, lo que ha permitido cambiar su estado de «en peligro crítico» a «vulnerable».
El objetivo es lograr que haya 1.100 hembras de lince ibérico, asegurando así un estado de conservación ‘favorable’, lo que permitiría que la especie salga de las categorías de riesgo en las que todavía está catalogada.
