Según los resultados, cada modelo de gestión forestal que implementamos, según evolucione el clima del futuro, mejorará unos servicios ambientales, pero empeorará otros. Así, la gestión forestal deberá planificarse según cada contexto local, donde habrá que tener en cuenta qué nos puede ofrecer cada bosque y qué necesitamos en cada territorio.
El informe concluye que, sea cual sea el escenario de gestión forestal que aplicamos, la capacidad de sumidero de carbono sufrirá un descenso progresivo a lo largo del siglo, probablemente debido al aumento de la competencia y a las condiciones climáticas más cálidas y secas que limitarán el crecimiento de los bosques y, por tanto, la producción de leña y madera de calidad.
Una necesidad, no una opción
Durante la presentación, la directora general de Cambio Climático y Calidad Ambiental, Sonsoles Letang, ha querido poner de relieve que «la gestión de los bosques no es una opción, sino una necesidad», añadiendo que «si queremos reforzar su capacidad de absorber carbono, conservar la biodiversidad y asegurar los servicios que nos ofrecen, hay que apostar por una colaboración entre todos los actores del territorio y la propiedad forestal». Letang ha puntualizado que «los bosques son claramente aliados clave ante la emergencia climática, y su gestión, de forma sostenible, es esencial para el futuro del país».
El informe previo a este, el FORESTIME, ya apuntaba que los bosques de Cataluña de hoy en día son como son por la gestión forestal que se ha llevado a cabo y no tanto por el clima que hemos tenido en las últimas décadas. Así, la segunda parte del proyecto ha querido comprobar qué va a pasar a partir de ahora con los bosques y qué servicios ambientales nos proporcionarán según el modelo de gestión forestal que se implemente.
El objetivo no es ver solo cómo cambia la dinámica del bosque, sino cuantificar qué servicios ambientales aumentan y cuáles disminuyen respecto a las condiciones actuales según cómo los gestionamos, comenta Mireia Banqué, investigadora del CREAF.
Para ello, el equipo ha definido cinco escenarios de gestión forestal con un comité de expertos que ha creado una narrativa detrás de cada uno. Concretamente, el comité, formado por representantes de los propietarios forestales, de la administración y de la investigación, ha utilizado como base la gestión que se está haciendo hoy en día.
Se ha comparado este enfoque con un escenario donde el objetivo primordial sea la extracción de madera, otro donde se cambia parte del bosque a pastos o cultivos, y uno más que excluye el aprovechamiento de los bosques en la adaptación al cambio climático.
Cada escenario de gestión se ha testeado con una situación de cambio climático moderado y una de cambio climático severo según las proyecciones del Servei Meteorològic de Catalunya. Con todas estas variables sobre la mesa, se ha analizado cómo evolucionarán los bosques con dos modelos matemáticos diferentes, el FORMAS y el FORDYN desde 2021 al 2100.
Así se ha medido la evolución del bosque en bloques de 10 años y su capacidad para proveer diferentes servicios ambientales claves: madera como material de construcción, de absorción de CO2, mitigar la erosión del suelo y valor recreativo.
¿Qué pasa si se reducen las zonas de aprovechamiento?
Uno de los resultados que expone el ForesFuture es que gestionar los bosques como lo estamos haciendo hasta ahora, o excluir los aprovechamientos de más bosques protegidos, no comporta demasiadas variaciones. Esto se debe a que hoy en día solo se está aprovechando un 30 % del crecimiento anual del bosque.
Así, en estos dos escenarios (gestionar restringiendo más y gestionar como hasta ahora) se ve que aumenta el valor recreativo de los bosques, también se evita mucha erosión de suelo, porque se conserva el bosque, pero por otra parte, se reducen lógicamente los aprovechamientos de madera y leña.
¿Se pueden sustituir los bosques por cultivos o pastos?
Este es el único escenario que consigue mejorar los valores de agua azul (el agua que no consume el bosque y que llega a los ríos), especialmente a medio plazo y en condiciones climáticas moderadas, pero también a finales de siglo, donde se alcanzan valores ligeramente superiores o iguales a los iniciales.
Por su parte, la recuperación de pastos y cultivos hace que la erosión incremente ligeramente. En cuanto al valor recreativo, también se aprecia una disminución respecto a los valores iniciales.
¿Qué pasa con la madera?
Este escenario conlleva perder mucha capacidad de sumidero de carbono, aunque cuando se extrae madera por construcción se puede considerar una contribución al sumidero de carbono, ya que es un material con vida útil elevada y el carbono no retorna a la atmósfera.
En este sentido, se incrementa la provisión de madera estructural y de leña. A finales de siglo, las leñas tienen valores similares a los iniciales porque, cuando el árbol crece, se dedica más a obtener madera por construcción.
<pEn cuanto al agua azul, solo se muestra un ligero incremento, ya que los árboles que quedan, junto con el sotobosque que crece rápidamente, enseguida vuelven a consumir agua de forma similar a antes del corte. El valor recreativo va mejorando progresivamente y al final de la simulación alcanza valores claramente más elevados que los iniciales en todos los casos.
En este sentido, el escenario de acompañamiento al cambio global ha sido una prueba para simular un escenario no asumible ni económica ni logísticamente, ya que implica gestionar los bosques de una manera muy intensa, en pendientes muy marcadas o en terrenos muy rocosos o áridos, pero ha permitido entender que un escenario así, en la situación de cambio y climático actual, nos ayuda a todos los servicios ambientales al mismo tiempo.
Más allá de estos resultados, gracias al ForesFuture, hemos puesto a punto una metodología que abre las puertas a testear nuevos escenarios y evaluar sus implicaciones en territorios concretos de Cataluña, concluye Núria Aquilué, jefe del grupo de investigación en Modelización del Paisaje del CTFC.
Los bosques nos brindan infinidad de servicios, tanto directos, como es proveernos de recursos como medicamentos o madera, como indirectos: absorción de CO2, ‘limpiar’ el agua convirtiéndola en ‘azul’ y permitiendo que llegue a ríos y acuíferos o ser una barrera efectiva contra el desgaste de los suelos.
Por esta razón, las simulaciones que se han llevado a cabo mediante el programa ForesFuture resultan de enorme importancia, ya que sus resultados, según cada escenario, aportan pautas que permiten planificar diferentes formas para que la gestión de los bosques resulte más eficaz.
